Actions

Work Header

La venganza de un hermano mayor

Summary:

Un grupo ha decidido meterse y herir de gravedad a Sakura Haruka.

Ahora deberán enfrentar la furia de toda la ciudad, encabezada por sus hermanos mayores: Umemiya Hajime y Tachibana Kotoha.

Notes:

Qué tal! Creo que perdí un poco la vergüenza a publicar mis escritos, pues cuando comenzó la idea de escribir esto, ¡casi inmediatamente planeé las cosas para subirlo!

Este fic está dedicado a todas aquellas personitas que les gusta ver a Sakura siendo amado por todo Fuurin... aunque puede que me haya excedido un poquito con cómo lo implementé ♥︎ ¡Les juro que es por el bien de la trama!

Espero les guste la historia!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Nuestro hermanito.

Chapter Text

A Umemiya nunca le gustaron los hospitales.

 

Desde pequeño, debido al gran amor que le daban sus padres, nunca le gustó ver sus caras preocupadas cuando se enfermaba.

 

Cuando los perdió, las miradas de lástima de las enfermeras y doctores viendo su cabello cambiar de color sólo empeoraron su rechazo hacia ellos.

 

A medida que fue creciendo, aprendió a tratar sus propias heridas. Cuando Kotoha llegó a su vida, la labor se delegó a su hermana menor.

 

Acostumbrándose a ese ritmo de vida, jamás imaginó volver a pisar un hospital.

 

Hasta hoy.

 

Con el corazón acelerado, sus pies entumecidos dieron otro trote hacia la recepción, el sudor cayendo por su frente.

 

Pero él no registraba nada de ello.

 

En su mente, lo único que había era la voz rota de Kotoha hiperventilada repitiendo “ven rápido” una y otra vez, junto al cabello desigual de quién se grabó en su corazón desde que llegó a la ciudad.

 

Su hermano menor.

 

—Disculpe —ni siquiera había notado lo mucho que temblaba hasta que habló, escuchando su propia voz tiritar—, ¿dónde está la habitación de Sakura Haruka?

 

Todos en Makochi conocían el rostro de la persona que devolvió la tranquilidad a sus vidas. Al ver su rostro pálido y aterrado, el corazón de la recepcionista se apretó.

 

—Por el pasillo a la derecha, sala de emergencias.

 

Antes de que Umemiya diese un paso después de murmurar un “Gracias” al aire, la voz de la recepcionista volvió a sonar.

 

—Están haciendo todo lo que pueden. Por favor, ten fé.

 

Sintiendo sus ojos picar, Umemiya asintió y corrió de nuevo.

 

Ningún enfermero o guardia fue capaz de decirle que no se podía correr cuando notaron su semblante desesperado al dirigirse al área de emergencias. Todos habían visto el estado del paciente, y a pesar de ser poco profesional, también esperaban que ocurriese un milagro.

 

Jadeando, Umemiya llegó al pasillo desolado. El ambiente pesado y lúgubre le erizó los pelos de todo el cuerpo, pero sus miedos fueron arrojados cuando notó la figura encogida de Kotoha en los asientos.

 

—¡Kotoha…!

 

Se congeló.

 

Levantando su cabeza, Kotoha lo observó con ojos nublados, tan pálida como un fantasma. Su delantal tenía una enorme mancha roja cubriendo prácticamente todo su torso, manchando el borde de sus mangas y rodillas.

 

Su rostro también tenía restos de sangre seca en la mejilla, líneas translúcidas cruzando por ellas. 

 

Umemiya pudo imaginar a su hermana restregar su cara en la herida de Sakura, llorando a los gritos por que despertara.

 

Kotoha se demoró unos segundos en percibir su presencia, observándolo con sus hinchados ojos llenándose de lágrimas.

 

—... Umemiya…

 

Sin decir palabra, abrió sus brazos. El cuerpo frágil de su hermana se estrelló contra su pecho, y los débiles brazos de Kotoha se enredaron en su cintura en un agarre férreo.

 

Sollozando a los gritos, su pequeña hermana se rompió.

 

—¡No supe qué hacer…! ¡No supe qué…! ¡Estaba todo lleno de sangre, Ume! ¡Por mucho que apretaba, seguía saliendo sangre! ¡Sakura no…!

 

Al mencionar su nombre, Kotoha lloró más fuerte, balbuceando explicaciones inentendibles.

 

Apretando los dientes, Umemiya presionó el rostro de su hermana contra su propio corazón, esperando que los latidos acelerados pudiesen alivianar un poco la sombra psicológica dentro de su mente.

 

Después de todo, cuando lo llamó en un ataque de pánico hace una hora, lo único que gritaba era:

 

—¡No late…! ¡¡El corazón de Sakura no late, Umemiya!!

 

Umemiya quiso llorar.

 

Tratando de contenerla, su adrenalina alcanzó su punto límite, transformándolo en una bestia que se basaba por sus sentidos e instinto. Al escuchar pasos acercarse, su rostro se deformó en una expresión amenazante.

 

Dando la vuelta por el pasillo, una chica con la ropa manchada de sangre seca se congeló en su lugar, retrocediendo por reflejo. Su espalda chocó contra los cuerpos de dos encorvados viejitos, que la sostuvieron con preocupación.

 

—¡Aki…!

 

—¡¡Perdón!!

 

La chica, Aki, rápidamente se arrodilló hasta que su espalda encorvada era lo único que podía verse. El golpe de su frente estrellándose contra el piso fue tan fuerte que resonó en el pasillo desierto que sus nucas se congelaron.

 

La pareja de abuelitos abrió los ojos con horror, soltando un grito ahogado.

 

—¡Aki!

 

—¡¡Perdón, perdón, perdón!! —por cada palabra, la chica azotaba su cabeza entre gritos—. ¡¡Perdóname!! ¡Por favor, ¡perdónenme!!

 

—¡Aki, detente! 

 

Tirando el vaso de café recién comprado hacia un lado, la vieja mujer se arrodilló al lado de la joven, intentando detener los dolorosos golpes que se autoinflingía con manos temblorosas.

 

El anciano también observó con horror a la chica dañarse, sin saber qué hacer con las manos. En una de ellas, llevaba otro café humeante que se sacudía como el resto de su cuerpo.

 

Una vez que salió del estupor, Umemiya controló su expresión y se apresuró a ayudar a la vieja mujer a controlarla. Kotoha observaba todo con ojos tambaleantes, hipando en estado de shock.

 

—¡Hey, hey! ¡Tranquila! ¡No te hagas más daño!

 

—¡Perdóname! ¡Por favor perdóname! ¡Fue mi culpa! ¡¡Todo fue mi culpa!!

 

—¡Aki-chan! ¡No digas eso! ¡Tú no tienes la culpa!

 

Con el dolor palpitante en su voz, el viejo hombre se arrodilló con lágrimas en los ojos, intentando abrazar la cintura de la histérica muchacha.

 

Ante sus palabras, los sollozos de la joven se volvieron más fuertes y erráticos, sufriendo un claro ataque de pánico debido al estrés postraumático.

 

Sabiendo que estaba en un estado voluble, Umemiya sujetó su rostro, el cual ya sangraba a la altura de la frente inflamada, y retuvo sus movimientos para que no pudiese hacerse más daño.

 

—Tranquila —le habló en voz suave, inhalando y exhalando en base a segundos contados para que ella lo imitara—. Estás a salvo. Nadie te culpa. Todo estará bien.

 

Como un tipo de mantra, le repitió las mismas palabras hasta que los ojos desorbitados de la chica se enfocaron en su rostro, volviendo a llorar con fuerza pero sin dañarse.

 

Umemiya la dejó. Su atención de movió a las luces encendidas que indicaban que seguía llevándose a cabo una operación, y volvió a abrazar a su hermana que hipó un tiempo más entre sus brazos.

 

Al final, con el paso de los minutos, los sollozos de ambas chicas junto a sus familiares intentando calmarlas fue lo único que se escuchó en todo el pasillo.

 

La escena era deprimente, pero no había mucho más que hacer. Una vez que la chica se calmó lo suficiente, el hombre viejo caminó un tanto nervioso hacia ellos dos y le ofreció el café tibio.

 

—Tómelo, muchacha —habló con voz suave—. Puede que no sea lo mejor por el momento, pero le ayudará a devolver un poco de color a su cara.

 

—... Gracias —Kotoha murmuró, recibiéndolo todavía entre los brazos de su hermano.

 

El hombre apretó los labios y miró el piso por unos segundos.

 

—... Sé que quizá no quiere escucharlo, pero de verdad, muchas gracias por ayudar a mi nieta.

 

Después de hablar, se inclinó profundamente. Su rostro se arrugó como si la acción le doliera, mas no se levantó.

 

Kotoha abrió los ojos con sorpresa, apretando el vaso entre sus manos. Como si recordara, su expresión volvió a mostrar dolor, negando suavemente con la cabeza.

 

—... No fui yo quien realmente l-la ayudó.

 

El hombre empuñó las manos hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

 

—... Lo sé.

 

Se enderezó. —Aún así, quisiera darle las gracias por traerla hasta acá a que le revisaran las heridas… incluso en su situación.

 

Sus ojos hundidos observaron la luz prendida que indicaba que la operación seguía en curso con cansancio, tensando la mandíbula.

 

—Mi vida ya está gastada y la palabra de un viejo no vale de mucho —musitó, la gratitud destilando de su voz—. Pero incluso si le dedico el resto de ella a ese honorable muchacho, no sería suficiente.

 

Caminando hacia su aparente esposa y nieta, las rodeó a ambas con un brazo, observándolos a ambos con seriedad.

 

—Por favor, no se preocupen por los costos del hospital y la recuperación de su hermano. Nosotros nos encargaremos de todo.

 

La vieja mujer apretó los labios luego de escuchar a su marido y asintió, mirándolos brevemente antes de inclinarse hacia ellos. La chica entre ellos sorbió por la nariz, apretando la mano de su abuela.

 

Umemiya tuvo la efímera idea de decir que no eran parientes, pero aquel pensamiento murió al segundo siguiente.

 

El que estuviesen aquí, con el corazón colgando entre sus manos, demostraba lo mucho que lo amaban como familia.

 

Haciendo una reverencia de vuelta, agradeció: 

 

—Estaremos a su cuidado.

 

Umemiya no se negó como comúnmente lo hubiese hecho.

 

Enderezándose, sus ojos cayeron en el rostro enrojecido por el llanto de la joven muchacha entre ambos ancianos, sin ninguna emoción aparente.

 

Sus disculpas fueron sinceras.

 

Ella realmente creía tener algo que ver con lo que le ocurrió a Sakura. No era comúnmente así, pero no dejaría que se fuesen con las manos limpias de ser ciertos. 

 

Todos los culpables, ya fuesen menores o mayores en grado, debían responder a Sakura.

 

Él personalmente se encargaría de ello.

 

Como si entendiera su mirada, la afectada chica le susurró algo a sus abuelos y avanzó hacia Umemiya con la mandíbula apretada, a pesar de las quejas de ambos viejos.

 

Elevando su rostro para observarlo directamente, la chica habló:

 

—Esto fue realmente mi culpa.

 

Sonaba segura.

 

La pareja de ancianos soltó un jadeo e hicieron el ademán de refutar, pero guardaron silencio cuando su nieta levantó la mano para que se detuvieran.

 

Umemiya entrecerró ligeramente los ojos.

 

—¿Por qué?

 

Le creería por el momento.

 

Aki soltó un gran suspiro, llevándose las manos hacia el pecho. Las puntas de sus dedos habían perdido todo color, y era evidente el temblor de sus extremidades.

 

Aún así, su voz no mostró falencia alguna al seguir explicando.

 

—Tengo 14 años, y desde su fundación, siempre he admirado el Fuurin que creaste, Umemiya-senpai —confesó, mirándolo con una sonrisa afligida—. Sin embargo, como ves, soy mujer. Jamás podría ser parte, y… tomé malas decisiones.

 

Se mordió el labio. —Comencé a entrenar para saber pelear, decidida a ser parte de Fuurin de alguna u otra manera, cuando conocí a un tipo en una pelea contra unos mocosos que rayaban la tienda de mi abuela.

 

Al mencionar a ese tipo, sus ojos se enfriaron.

 

—Tenía 5 años más que yo, y dijo llamarse Kazuya —sonrió irónicamente—. Ahora sé que su nombre es probablemente falso y todo lo que me contó también.

 

—... ¿Ese Kazuya conocía a Sakura?

 

—Sí y no.

 

Recordando a Sakura, la chiquilla sorbió su nariz con fuerza, evitando las ganas de llorar.

 

—No lo conocía personalmente, pero, ¿es posible ser de Makochi y no conocerlo con todo lo que ha ayudado a la ciudad? —apretó los labios—... Era un forastero, pero había logrado tanto. Le tenía envidia. Pensaba que, si hubiese nacido hombre, yo podría lograr más que él.

 

Se detuvo un momento. 

 

Su cuerpo tembló con más fuerza. 

 

—... Fui una tonta. No supe controlar mi boca y le conté todo: desde mis sueños hasta a quiénes resentía; todo. Él siempre me apoyaba e inspiraba, por lo que ilusamente creí que sería seguro y podría confiar en Kazuya.

 

Umemiya guardó silencio, su expresión indescifrable.

 

Aki continuó su relato. 

 

—Hablamos cerca de tres meses en un parque de juegos cercano a mi casa. Ahí fue donde intercambiamos palabras por primera vez, así que se volvió nuestro punto de encuentro. En una de nuestras charlas, me dijo que… él tenía un grupo.

 

Kotoha, que escuchaba todo desde las espaldas de su hermano, frunció el ceño.

 

—Me dijo que eran parecidos a Fuurin, y que no distinguían entre hombres o mujeres. Su lema también era defender a la gente, pero no sólo de Makochi; su propósito era proteger a los débiles.

 

La mandíbula de la chica se tensó.

 

—... Su método para hacerlo era combatir a gente fuerte para saber sus verdaderas intenciones, y me preguntó si quería ser parte de ellos. Yo… yo acepté.

 

Silencio. El único sonido entre ellos era el pitido constante de la luz que indicaba una operación en curso vibrando.

 

Al no recibir respuesta de Umemiya, la chica buscó sus ojos con cierta duda.

 

Se arrepintió al instante.

 

Aquellos ojos azules estaban tan oscuros como el fondo del mar, mirándola como si pudieran engullirla en el segundo siguiente para no dejar rastro de ella.

 

Era una furia silenciosa que le congeló hasta los huesos, provocando que se mordiera la lengua de la impresión. 

 

Quiso quejarse, pero el temor de abrir de nuevo la boca fue más fuerte.

 

Umemiya ladeó ligeramente la cabeza.

 

—¿Tu primer trabajo fue Sakura?

 

Aki boqueó como un pez fuera del agua, sintiendo sus propios dientes castañear del pánico.

 

Sin embargo, pensando en el chico que estaba entre la vida y la muerte por culpa de ella, decidió morder la bala con los dientes y asintió.

 

El ambiente se volvió más pesado.

 

Su voz salió un tanto ahogada. —Me hice pasar por una chica que estaba siendo golpeada por su pareja, y hablé con Sakura por una semana. Por consejos de Kazuya, lo convencí de apoyarme hoy cerca de… cerca de…

 

No pudo decirlo.

 

Por desgracia, Umemiya no parecía tenerle lástima.

 

—¿Cerca de la cafetería de Kotoha?

 

—... —al final, sólo asintió.

 

Ante su respuesta, los ojos de ambos ancianos se abrieron como si no pudiesen creer lo que estaban escuchando. Kotoha también se sorprendió, pero la furia en su expresión fue más fuerte.

 

—... No sé cómo, pero parecían conocerte muy bien… y dijeron que la mayor prueba de si él era buena o mala persona era cómo trataba a… Kotoha-senpai.

 

Sus mejillas volvieron a empaparse, pero ahora no se dejó llevar por sus emociones.

 

—L-le dije que ese día terminaría con mi novio y tenía miedo. Sakura… Sakura ni siquiera dudó y fue conmigo. …¡Y-yo pensé que todo terminaría ahí, pero Kazuya…! Kazuya de pronto hizo que lo acorralaran entre casi 20 personas…

 

Aki se golpeó las piernas que se debilitaron ante el recuerdo, forzándose a seguir con su relato.

 

—Yo le dije que era suficiente… pero él me apartó y dijo que… dijo que simplemente se estaba deshaciendo de la nueva gran amenaza para el poder de la Fuurin… —soltó un sollozo—. ¡Yo le dije que Sakura no era un peligro, e intentó golpearme cuando…!

 

—Sakura te salvó.

 

Fue la voz carente de cualquier calidez por parte de Kotoha la que respondió.

 

La muchacha asintió, cerrando los ojos, y soltando gruesas lágrimas como una llave abierta.

 

—Él me hizo correr y escapamos. N-nos alejamos de la cafetería porque no quería involucrarte, pero ellos nos alcanzaron… Y Sakura se encargó de casi todos… Yo intenté ayudar cuando… c-cuando Kazuya…

 

Abriéndolos, sus ojos estaban completamente rojos, gruesas venas marcándose en toda su esclera.

 

—¡Ese maldito hijo de puta me engañó! ¡¡Me engañó!! ¡Me acorraló para forzar a Sakura y entonces…!

 

No pudo seguir, explotando en ruidosos alaridos como un animal herido.

 

Sus abuelos se apresuraron a contenerla, llorando a los gritos con ella.

 

La escena se volvió desgarradora, y las personas en los pasillos cercanos que escucharon sus aullidos sintieron compasión por ellos.

 

Sin embargo, ese no era el caso de Umemiya.

 

En dos zancadas, estaba frente a la rota familia de tres personas. Sus ojos parecían tres tonos más oscuros, mirándolos sin ninguna pena desde lo alto.

 

Su voz salió tan gélida como el hielo.

 

—Entonces qué, Aki.

 

Aki se congeló.

 

Pudo sentir que estaba en peligro, y tembló.

 

—Dime qué fue lo que hizo Kazuya después. Ahora.

 

—...!

 

No fue capaz.

 

Aki no pudo encontrar su voz bajo aquella presión asesina que el líder de la escuela que más admiraba ejercía sobre ella.

 

—Admiras a un monstruo, lo sabes, ¿verdad? —Kazuya le había dicho una vez mientras hablaban, sonriéndole con un tipo de emoción que ahora sabía era ironía—. La primera persona que nos gustaría probar, pero sabemos que no somos nada ante él por mucho que lo intentemos.

 

Ella se había reído y burlado de su exageración. Ahora, no creía en absolutamente nada de lo que ese bastardo le había dicho en el tiempo que se conocieron.

 

Pero Kazuya tenía razón.

 

Si no estabas en el mismo lado que Hajime Umemiya, sólo serías una presa ante un monstruo.

 

Y ella cometió el error de dañar una de las cosas que ese monstruo más adoraba.

 

Temblando bajo su mirada, Aki perdió toda la sangre de su rostro, sin atreverse siquiera a parpadear.

 

Tenía miedo.

 

En toda su vida, nunca había estado tan aterrada como ahora.

 

Su respiración se agitó cuando Umemiya volvió a abrir la boca, pero el sonido de la puerta abriéndose se robó la atención de todos.

 

Allí, el doctor con barbijo tenía una postura cansada, su bata llena de sangre seca y fresca. Sus ojos, acompañados de grandes ojeras, observó la escena con un aire un tanto complicado.

 

—... ¿Familiares de Sakura Haruka?

 

—Aquí.

 

Kotoha se apresuró en responder, tomando a su hermano de la mano para caminar hacia el doctor en dos pasos. Su pecho ya subía y bajaba erráticamente, lágrimas llenando sus ojos.

 

—Somos sus hermanos —Umemiya completó, igual de nervioso.

 

Al escuchar su parentesco, el rostro del doctor empeoró levemente, tirando dolorosamente del hilo en que colgaban sus corazones.

 

Sin notar que su voz temblaba, Umemiya preguntó:

 

—¿Sakura está bien…?

 

—Lo estabilizamos.

 

Todas las personas en el pasillo soltaron un suspiro colectivo.

 

—Su herida era bastante grave. El objeto cortopunzante atravesó su hígado y casi lo destroza. Además, cuando llegó, venía con un shock hemorrágico crítico. Tuvimos que operar apresuradamente mientras preparábamos una buena cantidad de infusiones de sangre, y por un momento, realmente pensamos que no lo lograría.

 

Kotoha soltó un grito ahogado. O quizás fue él.

 

Umemiya no estaba seguro.

 

—Ahora mismo, estamos medicándolo para bajarle la fiebre, pero…

 

El doctor guardó silencio.

 

—... ¿Pero qué, doctor? —su hermana llevó sus temblorosas manos al pecho manchado de sangre del hombre—. ¡¿Qué le pasará a Sakura?!

 

Apretando los labios, el doctor fue sincero.

 

—No es 100% seguro que pase la noche.

 

Pase la noche.

 

Era una manera de decir que Sakura podría estar muerto para el día de mañana.

 

Muerto.

 

Umemiya agachó la mirada para que nadie pudiese verla. Dentro de sus ojos, una sed de venganza que jamás había sentido en su vida se comenzó a arremolinar.

 

Kotoha soltó un jadeo que pareció quitar todo el aire de sus pulmones, trastabillando en su propio lugar. Los sollozos de Aki se volvieron más fuertes, y una nueva ronda de disculpas fue vociferada a los gritos. 

 

—Tuvimos que operar y reconstruir su hígado. Es cierto que puede regenerarse por sí solo, pero en ese tiempo, estará susceptible a cualquier infección o contratiempo. Es probable que deba guardar reposo absoluto por meses si evoluciona bien, también.

 

Bajó la mirada. —Y ese es el caso optimista.

 

—... ¿Qué probabilidad hay de que pase… pase la noche?

 

—50%.

 

La mitad.

 

La vida de Sakura estaba prácticamente colgando de un hilo.

 

—Queremos verlo.

 

Umemiya habló.

 

Por alguna razón, los hombros de todos aquellos que lo escucharon se encogieron por reflejo. En una fracción de segundo, sus cerebros enviaron señales de alerta a todos sus sistemas.

 

Un tanto dudoso, el doctor chasqueó la lengua y dejó espacio para que ambos hermanos ingresaran.

 

—Si hay algo que quieran decir, será mejor que lo hagan ahora —les recordó con crueldad. Como médico, debía ser sincero. 

 

—Gracias.

 

Tomando a su hermana de los hombros para ayudarla a caminar, Umemiya siguió al doctor por los pasillos del hospital. El viaje fue silencioso y pesado, hasta que llegaron a la puerta 414.

 

El doctor se detuvo un segundo frente a ella como si dudara, pero soltando un suspiro, abrió y los dejó ver su interior.

 

—Pueden quedarse toda la noche, pero les recomiendo ir a descansar.

 

Evitó sus miradas. —Si me disculpan.

 

Ni Umemiya ni Kotoha respondieron, pareciendo ignorar el cuerpo del hombre que pasó por sus lados alejándose.

 

En el centro de la habitación, Sakura descansaba con los ojos pacíficamente cerrados. Su frente estaba empapada en sudor y un leve sonrojo apenas visible coloreaba ligeramente su anormal rostro pálido.

 

Sobre su nariz y boca, una máquina de respiración artificial estaba colocada. Unos tubos estaban dentro de sus fosas nasales, y una aguja estaba conectada a su brazo inerte mientras le transfería sangre.

 

El bip, bip, bip de la pantalla junto a su cuerpo era lo único que indicaba que la persona frente a sus ojos no estaba muerta.

 

Tambaleándose, Kotoha avanzó hasta caer en la silla junto a la cama. Sus ojos estaban desmesuradamente abiertos, y parecía haber perdido toda la razón dentro de ellos.

 

Sus manos, que seguían manchadas de sangre seca, acariciaron cuidadosamente la mano de Sakura sobre la cama. Su piel ardía, pero al mismo tiempo, se sentía mortalmente fría.

 

—... Ha…

 

Fue un jadeo. O tal vez fue un intento de decir algo.

 

Tal vez fue una risa, o tal vez fue una súplica mal formulada.

 

Fuera lo que fuera, no terminó siendo nada.

 

Porque no había nada que pudieran hacer más que rezar para que Sakura volviera a abrir los ojos.

 

Como si finalmente la información hubiese sido procesada por su cerebro, el rostro de Kotoha se deformó en una expresión dolorosa y gritó, llorando como una niña.

 

Su frente cayó sobre el dorso de la mano de Sakura, aferrándose como un náufrago a la última gota de agua. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas hasta empapar la sábana blanca de la cama, siendo silenciadas por sus chillidos y jadeos.

 

—¡Sakura! ¡¡Sakura…!!

 

—No puedes dejarnos… No nos dejes…

 

—Despierta, Sakura, ¡despierta…!

 

—Soy tu hermana. Soy Kotoha. No dejes a tu hermana, Sakura…

 

—No nos dejes, hermanito…

 

No hubo respuesta.

 

El cuerpo de Sakura seguía inerte sobre la cama.

 

—¿Qué vamos a hacer…? —Kotoha lloraba restregando su rostro en la mano inmóvil entre sus dedos, como si quisiera impregnarse del último rastro de calor que le quedaba de Sakura—. ¿Qué vamos a hacer, Ume…? Vamos a perder a nuestro hermano… nuestro hermanito…

 

Hace unos meses, ambos habían bromeado con eso.

 

No era un secreto que Umemiya consideraba a todas las personas de la ciudad como su familia, ni que tenía la manía de llamarse a sí mismo el hermano mayor de todos los chiquillos menores que él.

 

Sin embargo, también se sabía que los chicos del orfanato, y sobre todo Tachibana Kotoha, eran sus hermanos.

 

No se sentía incorrecto llamarlos familia, ni tampoco se sentía raro que ellos los llamaran hermano mayor. A veces, Umemiya fantaseaba y juraba que todos sus hermanos tenían algo en lo que se parecían a él.

 

Y en uno de esos desvaríos, pensó lo mismo con Sakura.

 

—Sakura podría ser fácilmente confundido como mi hermano menor —había comentado en la cafetería, observando a su hermana secar los platos.

 

Kotoha ni siquiera se volteó.

 

—¿Eso crees?

 

—¡Claro que sí! —señaló su propio cabello blanco y ojos azules—. Sólo por el cabello ya se puede decir que sacó la mitad de mí. ¡Y también se puede decir que sacó un tono más grisáceo de mis ojos en uno de ellos!

 

Se sentía bien decirlo.

 

Sí, sonaba real.

 

—Ya veo.

 

Kotoha se volteó, señalando sus propios ojos acaramelados.

 

—Entonces, yo puedo decir que su otro ojo sacó un tono más claro que los míos.

 

Ambos se observaron. El amarillo conectó con el azul, como el dorado y el gris conectaban en los ojos de Sakura.

 

Entonces, ambos rieron.

 

—Supongo que Sakura es nuestro hermano menor, entonces.

 

—¡Finalmente encontramos a nuestro hermanito!

 

Y ahora, esos ojos que heredó de ambos estaban cerrados en la cama de un hospital. 

 

Esos ojos podrían no volver a abrirse.

 

El hermano menor que habían encontrado…

 

Podían perderlo en esa noche .

 

Umemiya nunca había sentido que ni siquiera la muerte podría detener el dolor en su corazón como en ese momento.

 

En medio de la noche, los alaridos de Kotoha eran lo único que llenaba el silencio de la habitación.

 

Observando con ojos vacíos, Umemiya se dio la vuelta y se apoyó contra la pared contraria a la puerta. De esa forma, su hermana no podría verlo.

 

En completo silencio, sacó el teléfono de su bolsillo y marcó a la única persona que podría devolverle un poco de su cordura.

 

—¿Umemiya? ¿Por qué me llamas a esta hora? ¿Pasó al…?

 

—Hiiragi.

 

Hiiragi se detuvo.

 

—... ¿Umemiya…?

 

—Creo que me volveré loco, Hiiragi.

 

—...!

 

Se escuchó un estruendo al otro lado de la línea, como si su amigo se hubiese apresurado por salir.

 

—¿Dónde estás?

 

—En el hospital.

 

—¡¿Le pasó algo a Kotoha…?!

 

—No.

 

Hiiragi maldijo al otro lado de la línea, pero Umemiya no lo dejó terminar.

 

—Sakura podría morir esta noche.

 

Silencio.

 

Un pesado silencio.

 

—... ¿Qué…?

 

La voz de Hiiragi fue tan débil que parecía haber perdido todo el aire de sus pulmones de un solo golpe.

 

—Lo apuñalaron —informó con voz monótona—. Estaba salvando a una chica y le rompieron el hígado. Perdió tanta sangre que es difícil saber si no tendrá un rechazo al tratamiento en medio de la noche y contraer una bacteria. Hay un 50% de probabilidades que esté vivo por la mañana.

 

—... Mierda…

 

Hiiragi sonaba devastado.

 

—Mierda… ¡Mierda… mierda…!

 

—Podría perder a mi hermanito, Hiiragi.

 

Hubo otro silencio.

 

Luego, la voz apresurada de Hiiragi tembló.

 

—Umemiya, ¡cálmate…!

—Fue una trampa.

 

Umemiya miró el techo del hospital.

 

—Sabían que Sakura tomaría mi lugar una vez me graduara y quisieron deshacerse de él.

 

Ante sus ojos, todo se volvió rojo.

 

—Esos hijos de puta se atrevieron a intentar arrebatarme a mi hermano. 

 

—... ¡Umemiya…!

 

—Soy capaz de matarlos, Hiiragi —confesó, sin ningún rastro de duda—. De verdad soy capaz.

 

Quedó un pequeño silencio.

 

—Nos vengaremos, Umemiya.

 

—Lo que le han hecho a Sakura no quedará así. Haremos que paguen, y él estará vivo por la mañana.

 

Eso era lo que quería escuchar.

 

Sin notarlo, el borde de sus ojos se empapó de lágrimas.

 

—... Sí…

 

—Voy para allá.

 

Hiiragi colgó.

 

Dejando que sus lágrimas cayeran amargamente al piso, Umemiya recordó que la última vez que se había permitido llorar fue cuando finalmente se dejó extrañar a sus padres.

 

Ante tal recuerdo, sus ojos se movieron al cuerpo de Sakura sobre la cama, escuchando el bip, bip, bip de sus latidos que se sincronizó con sus lágrimas al caer.

 

Estará vivo por la mañana.

 

Sí, él todavía tenía a su hermano.

 

No lo había perdido. Sakura seguía vivo.

 

Sin siquiera pestañear, Umemiya observó fijamente el rostro de su hermanito, y juró en su corazón.

 

Esto no quedará así, Sakura.

 

Tu hermano mayor se encargará de erradicar cualquier peligro para ti.

 

Lo juro.