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Language:
Español
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Published:
2025-05-23
Updated:
2026-02-06
Words:
53,177
Chapters:
5/?
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STARMAN

Summary:

Todo comienza en el jardín de la abuela y termina en un conflicto interplanetario entre el Protectorado Galáctico y el Imperio Marciano. La vida de Daffy Duck dejó de ser fácil desde el primer momento en que cierto marciano llegó a su vida, pero ni él ni nadie podría imaginar lo que su amistad significaría para la vida de ambos y la de los demás.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

There's a Starman waiting in the sky…

 

CAPÍTULO UNO

 

No recordaba la fecha exacta porque los niños cuando son muy pequeños no recuerdan esas cosas. Sólo que era un día caluroso, de esos en los que le suplicaban a la abuela por un helado o ir a nadar. Había pocas cosas que la abuela les negara, pero ese día tenía recados que hacer y les pidió que se comportaran. No tenían muy claro qué hacía ese día distinto de los demás. Cada vez que Daffy intentaba pensar en su infancia se daba cuenta de la mujer fuerte que siempre fue su abuela. Cuidaba ella sola de casi una docena de niños huérfanos, les daba un hogar y los atendía a todos sin cuestionarlo. Apenas tenía tiempo para sí misma, pero no parecía necesitarlo. Como si su vida sólo fuera cuidar de ellos y verlos crecer cada día un poco más, cada vez necesitando de ella un poco menos e intentando que sus labores no fueran tan duras. Ese día algo era diferente. Por supuesto todos estaban molestos porque no podían salir a nadar como querían y se habían quedado en el jardín. El césped recién regado era lo más parecido al frescor que tendrían ese día y el tobogán, el columpio y el resto de juguetes esperaban por ellos para ser usados. Bugs inventó un juego, era fácil para él hacerlo. Todos tenían que adivinar qué era lo que la abuela estaba haciendo. Algunos creían que era algún tipo de postre, quizás sus famosas galletas. Otros creían que había ido de compras y que si se portaban bien tal vez trajera algunas chucherías con ella. Daffy, siempre tan optimista, decidió que eso eran tonterías. Seguramente la abuela sólo estaba ocupada y cuando llegara no tendría nada para ellos. Después de todo, no podrías sentirte decepcionado con el resultado si no tenías expectativas al respecto. La realidad es que ninguno estaba preparado para la verdad tras las palabras de la abuela.

 

—Niños, ya he regresado. —se escuchó la voz de la abuela cuando unas horas después regresó, bajando del coche frente a la entrada de la gran casa donde se hospedaban.

 

Todo el grupo fue corriendo a recibirla queriendo ser los primeros en conseguir el tan ansiado premio que esperaban y del que habían estado hablando. Preguntaron por dulces, por juguetes ¡incluso por alguna mascota! Daffy se quedó más atrás. De todas formas con su altura no lo dejarían ver bien y al único que respetaban era a Bugs de todas formas. La abuela sólo se echó a reír ante sus ocurrencias.

 

—¡Oh! No, no. No he traído nada de eso, pero un amiguito ha venido conmigo. —aclaró para que los niños no pudieran quejarse de decepción. Antes de que Daffy pudiera sonreír maliciosamente y decir: “¡Os lo dije!” la abuela continuó.— Tenemos un nuevo miembro en la familia y está sólo, pobrecito mío. Supongo que no tendréis problemas en recibirlo y no tengo que aclarar que quiero que lo tratéis como a uno más. —la abuela sostuvo al nuevo integrante de la casa en brazos y lo dejó junto a ellos.— Tengo que preparar el almuerzo, así que mientras ¡podéis jugar y conoceros! Vamos, no seáis tímidos. La abuela estará dentro si necesitáis algo. —y finalmente se marchó, dejándolos solos con… eso.

 

Daffy había visto muchas cosas raras en su corta vida y como corta vida que era seguramente vería algún día muchas más. Pero jamás había visto algo como lo que tenía delante. Era un niño, o al menos se suponía que era un niño, mucho más pequeño que ellos. No tenía boca y todo su cuerpo era de un color negro obsidiana totalmente antinatural. Vestía de una forma muy extraña que los hizo a todos preguntarse si iba disfrazado de algo o realmente tenía algún tipo de sentido. De forma inconsciente el grupo se había apartado un poco de él y Daffy llegó a la conclusión de que un bicho así no podía ser de la Tierra porque, ¿cómo algo tan feo podía existir en la Tierra? ¡Hasta los ornitorrincos eran mejores! Y eso era mucho decir, teniendo en cuenta que esos animales son la mitad de muchas otras cosas.

 

—¿Cómo te llamas? —preguntó uno de ellos con cierta duda. Daffy no pudo identificar quién fue, pero habría puesto la mano en el fuego porque fue Bugs. Era el único de ellos que no podía estar callado al menos cinco minutos. El niño, la criatura o lo que fuera se mostró dubitativa. No del tipo que no sabía su propio nombre, sino del tipo que desconfía y no sabe si realmente merece la pena decirlo.

 

—Marvin. —respondió finalmente y su voz era igual de extraña. 

 

Si Daffy hubiera recordado algo de ese encuentro habría notado cosas que de niño no. Como la forma en que los ojos de Marvin buscaban aprobación en el grupo, cómo parecía ansioso y realmente preocupado de que fueran a rechazarlo por ser diferente. El miedo a no encajar en un planeta que no era suyo después de todo.

 

—¿De dónde eres? —preguntó una chica y esta vez supo que era Lola.

 

—¡De Marte! —y había cierto tono orgulloso en su voz que era claramente palpable.

 

—¡Lo sabía! ¡Es un extraterrestre y nos va a comer! —exclamó Daffy con el ceño fruncido, sin poder evitar ser tan dramático como siempre. El grupo dejó escapar un jadeo de sorpresa. Nadie había pensado que Marvin pudiera comerlos, pero eso realmente tenía sentido. ¡Las películas no engañan!

 

Antes de continuar con los próximos acontecimientos hay que aclarar que Daffy no era malo del todo. A veces era bueno del todo. Pero los niños cuando son muy pequeños no pueden evitar ser crueles ante lo desconocido y cuando a Daffy algo lo disgustaba podía ser completamente voraz. Con una sonrisa maliciosa se acercó al grupo y les susurró su plan. Bugs parecía el único que mantenía un ceño fruncido de duda al respecto.

 

—Hey, cara aceituna. ¿Quieres jugar con nosotros? —preguntó Daffy al chico nuevo, acercándose a él. Los ojos de Marvin se iluminaron con una emoción desconocida en ellos. No registró el insulto.

 

—¡Sí! Yo… uh, ¿qué tengo que hacer? —cuestionó con dudas. No quería hacer las cosas mal ahora que por fin iba a encajar en un lugar.

 

—Mira, es muy simple. Lo llamamos “Escondite”. Cuentas hasta 100 con los ojos tapados y nosotros nos escondemos. ¡Cuando acabes tienes que encontrarnos y si encuentras a todos sin rendirte ganas! —le explicó el chico con una falsa sonrisa amistosa. Marvin frunció el ceño en determinación y se dispuso a contar. Parecía fácil.

 

Lo que Marvin no sabía es que Daffy y sus amigos no pretendían esconderse. En cuanto el pequeño alienígena se giró y tapó sus ojos para comenzar a contar, Daffy y los demás entraron a la casa y subieron al primer piso para verlo desde la ventana y burlarse. Cuando finalmente Marvin terminó y se giró para buscar no vio a nadie en un principio. Confundido sobre por qué no los encontraba levantó la mirada y los vio reírse de él desde la ventana. Tal vez la pequeña criatura fuera de Marte, pero eso no lo hacía ignorante ante la situación que tenía delante. Sus pequeños ojos se humedecieron y fue a sentarse en un rincón consciente de que quizás esa sería una realidad que lo perseguiría mientras estuviera en la Tierra. Con el tiempo y los años entendería que las criaturas terrícolas tienden a sentir rechazo de las otras criaturas que son diferentes a ellas. Nadie jamás entendería cómo se sentía estar atrapado en un planeta que nunca sería su hogar, un lugar donde no encajaba. Pero ese no era momento para pensar en ello. En ese momento sólo quería ser aceptado y quizás querido…

 

—Hey, doc. No se lo tengas en cuenta. Sólo es una broma. —dijo una voz que se sentó a su lado.— Soy Bugs. Verás que cuando los demás te conozcan les gustarás. Hablaré con ellos. No son malos chicos, sólo no saben cómo tratar contigo.

 

Marvin notó que Bugs parecía ser el mayor del grupo y por tanto el que mejor podía llegar a comprender su situación. Sus palabras le hicieron sentir mejor y deseó con todo su corazón que fueran ciertas. Sabía que no todos lo amarían y que seguiría generando rechazo, pero al menos quería llevarse bien con la que sería su familia temporal hasta que pudiera manejarse por sí mismo.

 

Bugs habló con el resto y les dio algo muy parecido a un sermón. Todos se mostraron avergonzados ahora que habían aprendido a ponerse más en el lugar de Marvin y se disculparon con él uno a uno. Todos menos uno… Daffy frunció el ceño al ver a sus amigos ceder ante la manipulación emocional tan obvia de Bugs. Típico de él hacerlos sentir mal y aceptar a alguien que era un bicho raro. Cuando fue su turno de presentarse y disculparse se acercó con un rostro de desagrado evidente en él.

 

—Soy Daffy, Daffy Duck. Y no pienso disculparme. ¡Tú no deberías estar aquí! —exclamó como protesta, sin tomar la mano que el marciano le ofrecía. Bugs dijo su nombre con alarma y decepción, pero Daffy lo ignoró.

 

—Lo sé. Sé que no pertenezco aquí. Algún día volveré a Marte y no tendréis que oír de mí otra vez. Lo prometo. Pero hasta entonces espero que podamos tener una convivencia pacífica. —fue la respuesta inesperada de Marvin.

 

Daffy no lo entendía. ¿Qué eran todas aquellas palabras raras? ¿Por qué no podía ser normal como los demás? Con un resoplido de irritación se alejó sin decir nada más. Si el grupo quería hacer amistad con ese marciano allá ellos. Daffy no pensaba tener nada que ver. Quizás la abuela se cansara de él y lo llevara lejos de allí. Pero Daffy no tuvo suerte. Conforme las semanas pasaban se hizo evidente que Marvin estaba allí para quedarse. Todos se habían acostumbrado a su presencia y a pesar de integrarlo en sus actividades lo cierto es que Marvin era solitario. Disfrutaba pasando el rato haciendo dibujos de planetas y jugando con sus juguetes espaciales. En cuanto la abuela supo que a Marvin le apasionaba el espacio le había conseguido todo tipo de naves espaciales y peluches de planetas. Su favorito era Marte. El alienígena podría llegar a pasar horas perdido en libros sobre el Sistema Solar y el poco conocimiento que la Tierra tenía sobre la Galaxia si no fuera porque la abuela lo obligaba a salir fuera de vez en cuando. 

 

—Si eres de Marte, ¿qué haces aquí? —escuchó Daffy que Lola le preguntaba al marciano una vez.

 

—No lo sé. Creo que fue un accidente. Pero algún día tendré mi propia nave espacial y volveré a casa con los de mi especie. —decía con una convicción que a veces hacía estremecer al pelinegro. La risa de Lola fue estridente, pero no maliciosa. Hacía tiempo que nadie era rencoroso con Marvin salvo Daffy.

 

—Buena suerte con eso. Creo que nosotros ni siquiera llegamos a Marte. —fue la respuesta de la chica.

 

A veces Daffy veía a Marvin jugar con sus naves y lo observaba mirar esas películas donde salían muchas estrellas y cohetes. A él también le gustaba todo lo que tuviera que ver con el espacio y en ocasiones se encontró queriendo unirse a Marvin, pero por su orgullo se negaba a acercarse y mucho menos a pedir disculpas. ¡No era su culpa que hubiera un marciano en casa! Algunos días su orgullo lo llevaba tan lejos como para no querer unirse a una actividad con los demás sólo porque el alienígena estaba en ella. La abuela no pudo hacer más oídos sordos a la situación y un día en especial se sentó con él.

 

—¿No quieres unirte a los demás?

 

—No. —fue la respuesta del niño que tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.

 

—¿Porque está Marvin?

 

Daffy vio a la abuela con sorpresa, como si no pudiera creer que fuera tan fácil de leer. La mujer le dedicó una sonrisa suave y le guiñó el ojo, poniendo una mano sobre su espalda. El niño sintió que sus mejillas se sonrojaron con vergüenza. 

 

—¿Por qué lo odias?

 

—¡No lo odio! —fue la rápida respuesta del chico, alarmado de que la abuela creyera eso. Odiar era una palabra muy fuerte. Él no odiaba a Marvin. No quería que una pelota de tenis le golpeara la cabeza o algo peor. No. Sólo… Al principio sintió rechazo porque era totalmente diferente de cualquier cosa que hubiera visto antes, pero era duro admitir que habías sido un idiota con alguien que realmente no lo merecía.

 

—¿Ah, no? Y, ¿por qué lo evitas entonces? —Daffy no supo cómo responder a eso, así que la abuela continuó.— ¿Sabes lo difícil que tiene que ser para él? —el niño miró a su abuela sin comprender— Imagínate nacer en un sitio donde nadie se parece a ti. Nunca encontrarás a un igual y a la gente no le gustas por cómo eres, a pesar de que es algo que no puedes evitar. ¿Te gustaría eso?

 

Daffy sintió el peso de la culpa llenarlo contra más pensaba en las palabras de la abuela. Finalmente negó en silencio, bajando su mirada con pesar. La abuela lo acercó en una especie de abrazo, consolándolo.

 

—No es tarde para ser mejor. Creo que si le dieras una oportunidad podríais ser buenos amigos. Pero si sigues así lo único que lograrás es estar amargado y a nadie le gusta acompañar a otro en eso, mi niño. —quedaron ambos en un apacible silencio mientras Daffy pensaba en sus palabras. Abrió los labios para decir algo, pero entonces la abuela se levantó— Bueno… ¡Hora de sacar las galletas del horno! 

 

Ese mismo día por la tarde Daffy subió las escaleras hasta el cuarto de juegos. Allí vio a Marvin sólo, examinando cada una de sus naves como si fueran algo más que juguetes. Parecía maquinar en su pequeño mundo espacial. Quién sabe qué ideas saldrían de su cabeza. Se acercó a paso lento y avergonzado. Desde aquella lamentable presentación no había estado cerca de él, conformándose con tomar distancia y lanzar miradas agudas a su dirección, como si así pudiera espantarlo. Daffy no sabía si Marvin era ignorante a su actitud hostil o sólo no le importaba. 

 

—Hola… —escuchó su propia voz pequeña para sus propios oídos y cuando los ojos del marciano lo miraron con sobresalto se sintió aún más avergonzado— Lo… Lo siento. No quería asustarte. Sólo… —sabía que debía disculparse por lo sucedido hace ya cerca de dos meses, pero no sabía cómo hacerlo. Finalmente se conformó con sentarse en el suelo cerca de él, viéndolo con curiosidad.— ¿Qué haces?

 

Marvin permaneció unos segundos en silencio. Mirándolo como si no tuviera claro si confiar en él y Daffy sabía que se lo merecía. En todo aquel tiempo no había mostrado ningún interés aparente y seguramente el marciano no sabía si pretendía volver a gastarle una broma de algún tipo. Pero si algo no podía evitar Marvin era hablar de las cosas que lo apasionaban, así que bajó su mirada a los objetos que tenía con él.

 

—Oh, sólo miraba mis naves y me imaginaba cómo sería una carrera espacial con ellas.

 

—Vaya, ¿cuál va ganando? —preguntó Daffy con curiosidad, a su parecer era bastante triste que se lo estuviera imaginando en vez de hacer una carrera real. Pero es cierto que al resto de sus amigos no les gustaba tanto el espacio.

 

—La mía. ¡Marte estará orgullosa porque soy el mejor piloto de la Galaxia!

 

Daffy intentó no reírse ante la respuesta porque obvio que la suya iba ganando. Vio las naves y con una mirada silenciosa le preguntó a Marvin si podía tomar una de ellas, a lo que este asintió. Tomó la nave espacial más cercana a él y la vio de cerca. Era alargada, una mezcla de plata con tonos azules. Todas eran muy diferentes en realidad.

 

—¿Quieres que hagamos una carrera de verdad? —preguntó Daffy con curiosidad. Los ojos de Marvin se iluminaron y el pelinegro sintió que había valido totalmente la pena aquella interacción sólo por aquello.

 

—¿En serio? —cuestionó con entusiasmo.

 

—¡Sí! Mira, cada uno escogerá una nave ¡y podemos volar con ellas y ver quién gana! —propuso el niño más grande con una sonrisa. Normalmente era Bugs quien proponía juegos, así que era un buen cambio de aires tener por fin a alguien que valorara sus ideas. 

 

—¡Yo me quedo con esta! —dijo tomando una más aplanada y de un tono anaranjado— Seré el Comandante Marvin y lideraré a Marte en su camino a la victoria. —Daffy no pudo evitar echarse a reír un poco ante lo orgulloso que el otro sonaba mientras decía aquello.

 

—¡Bien! Yo seré Duck Dodgers, representando a la Tierra. —al igual que Marvin, no pudo evitar decirlo con orgullo, inflando su pecho como si se tratara de alguna clase de superhéroe.

 

—¿Duck Dodgers? —cuestionó el marciano, mirándolo con incredulidad y diversión. Daffy se sonrojó con vergüenza e indignación ante el tono.

 

—¡Hey! Es un nombre muy bueno. ¡Vamos!

 

Aunque palabras de disculpas no salieron de su boca, sus acciones hablaron por él y por la respuesta de Marvin era obvio que el alienígena no guardaba rencor al otro por lo sucedido. Pasaron la tarde corriendo de un lado a otro sosteniendo sus naves y fingiendo tener una vida que no era de ellos. Daffy tuvo que admitir que hacía mucho tiempo que no se divertía tanto y no sería la primera vez que pasarían el día viendo alguna película espacial o jugando a conquistar planetas. En ocasiones Daffy tendría dudas y se las preguntaría a Marvin como si por ser de fuera este tuviera todas las respuestas. Cuando el marciano no supiera qué responder diría: “Algún día aprenderé sobre ello y te lo diré.” Que Marvin tuviera la respuesta a algo sobre el espacio sólo era cuestión de tiempo y conforme los años pasaron terminaron olvidando cómo fue que todo empezó a gestarse entre ellos dos.

 

(~~~)

 

Estaba sin aliento cuando llegó al lugar y su manera de correr era bastante torpe. Era como si el cuerpo de Daffy no pudiera ponerse de acuerdo de qué dirección tomar o de cuándo se movía qué extremidad. Sabía que se había perdido la primera lección, pero no era alguien madrugador. Además cuando vio el pequeño objeto que tenía en su mano en una tienda de camino tuvo que detenerse a comprarlo. Su uniforme estaba desordenado y sabía que se había marchado sin apenas desayunar y sin avisar a su tutor, pero no le importaba. Cuando llegó cierta edad la abuela estaba demasiado cansada para seguir cuidando de ellos. Cada uno tenía sus propias necesidades y se les fue asignados varios tutores legales hasta que cumplieran la mayoría de edad. Al final actuaban como sus padres aunque no eran padres para ellos. Para todos su familia siempre sería la abuela que habían dejado atrás. El único miembro del grupo que había permanecido en la gran casa de la abuela era Marvin. ¿La razón? Simple. Nadie quería cuidar de un extraterrestre. Marvin era demasiado extraño y demasiado difícil de entender. Ningún adulto quería tenerlo a su cargo. Al principio Daffy se sintió mal por su amigo y de su boca ya salían palabras de aliento y consuelo, pero se sorprendió cuando vio que Marvin no parecía preocupado y de hecho terminó siendo él quien consoló a Daffy.

 

—¿Seguro que estarás bien? Me puedo quedar contigo y la abuela si quieres. ¡Podríamos compartir habitación! —pero el alienígena negó con la cabeza como si Daffy estuviera diciendo tonterías.

 

—Estaré bien. Además seguiremos viéndonos en la escuela ¡y podremos quedar después! Me vendrá bien el espacio y no quiero que la abuela tenga más carga. ¡No es que seas una carga! Me gusta tu compañía, pero ya sabes a lo que me refiero. —Marvin tendía a divagar nerviosamente cuando sentía que no se había expresado de la manera correcta para los terrícolas.

 

No sabía Daffy qué haría Marvin con tanto espacio, aunque desde hacía unos años le gustaba mucho experimentar. No habían hablado del tema, pero parecía ansioso por independizarse y hacer quién sabe qué con su tiempo. El pelinegro no tenía claro si a Marvin no le preocupaba no tener tutor porque no le daba importancia o porque se había hecho a la idea de que no sería aceptado con facilidad por el resto de criaturas terrestres. Fuera cual fuera la razón, Daffy intentó dejar de pensar en ello también. ¡Ya tenía suficiente con sus propios problemas! Le gustaba su nueva casa y su vecindario. Aún se reunía con Bugs y con Porky, y con su niñez pre-adolescente llegaban problemas pre-adolescentes. Bugs se había convertido en una figura popular. Allá donde iba todos querían estar con él, era carismático, agradable y te hacía sentir como si tuvieras un lugar importante a su lado. A Daffy le gustaba mucho estar con él también y de hecho podía fardar de ser uno de sus mejores amigos, seguro, pero cuando estaba con Porky y en especial con Marvin sentía que era juzgado por el resto del grupo de Bugs. Siempre que Bugs estuviera con él no habría problema, pero Daffy temía no ser aceptado ni visto por los demás como alguien “interesante” o popular. Por ello había terminado dividiendo su tiempo. Cuando estaba con Bugs y los demás no solía hablar tanto sobre el espacio como hacía con Marvin. Ni mencionaba los juegos de rol y fantasía que a menudo le gustaba jugar con Porky. Sobraba decir que nunca mencionaba a Pete por… razones generales. Todos sabían que a Pete le faltaba más de una tuerca, pero a Daffy le parecía divertido.

 

—¡Ajá! —exclamó el pelinegro al entrar al aula casi vacía y encontrar lo que buscaba— ¡Alto ahí, marciano! —dijo casi sin respiración, señalando al nombrado. Marvin, que hasta hace un momento estaba leyendo un libro mucho más avanzado para su edad, lo miró con confusión.

 

—No pensaba ir a ningún lugar de todas formas. —fue su respuesta.

 

Desde hacía tiempo habían aplicado ese juego de actuar como si estuvieran en bandos opuestos. Era divertido cuando eran más pequeños y Daffy se negaba a dejar la costumbre atrás. Por suerte Marvin siempre le había seguido el juego al respecto. Como una segunda naturaleza.

 

—¿Dónde has estado? —continuó el alienígena con preocupación. Su voz tenía cierto tono de sermón.— Te has perdido la primera clase… de nuevo. Si sigues así no llegarás preparado al examen.

 

—Sí, sí. Ya. ¿Qué eres? ¿Mi mamá? —descartó el pelinegro agitando su mano con cierta irritación infantil, comenzando a actuar de forma dramática— Y pensar que he hecho todo este camino corriendo sólo para darte una sorpresa ¡y tú vas y me recibes así! —el marciano pareció interesado ante lo último mencionado.

 

—¿Una sorpresa?

 

—¡Mira y llora, chico espacial! O… ¿no llores? Después de todo es un regalo para ti. —comentó Daffy casi para sí, confundido. Los ojos del más bajo brillaron con fuerza al ver el objeto ante él.

 

—Es… ¡¡Marte!! 

 

El objeto en cuestión era pequeño. Un llavero con la forma del planeta favorito de Marvin. Y no solo favorito, sino al parecer del planeta que procedía. Hacían poca mercancía de ese lugar, así que cuando Daffy lo vio de camino supo que tenía que conseguirlo para su amigo.

 

—¿Te gusta? Es todo tuyo. No sé para qué querría yo algo de Marte de todas formas.

 

Marvin lo tomó en sus manos como si fuera la cosa más costosa y rara de encontrar del mundo. Como si en sus manos estuviera sosteniendo el auténtico planeta y no una imitación de bolsillo. Su rostro asombrado era algo que Daffy nunca se cansaría de ver y el simple pensamiento de eso lo hizo sonrojar ligeramente, avergonzado.

 

—No creas que esto me hará olvidar que has llegado tarde con frecuencia últimamente. —mencionó el marciano con cierto tono de diversión.

 

—¡No lo he comprado por eso! Y no necesito tu aprobación. ¡Anda, quédatelo! —se quejó el más alto, sintiéndose humillado porque Marvin creyera que le había conseguido el regalo por eso.

 

—Gracias, Daffy. —dijo, totalmente agradecido, pero de pronto su rostro se tornó sorprendido y lleno de culpabilidad— Pero no tengo ningún regalo para ti.

 

—No hace falta que me des nada–... —comenzó Daffy antes de ser interrumpido por el alienígena con una sacudida de su rostro.

 

—Ah-ah. Las normas terrícolas dictan claramente que ante un regalo de un ser querido el recibidor en cuestión debe proporcionar una respuesta equiparable emocionalmente hablando.

 

Daffy lo vio con una ceja alzada llena de confusión.

 

—Sabes que nadie sigue esas normas, ¿verdad? —dijo con una risa ligera— No hay un manual que seguir al 100% en la Tierra. No necesito que me regales nada, sólo quise tener un detalle contigo. 

 

Antes de que Marvin pudiera protestar la campana para la siguiente clase sonó y el resto de compañeros que habían estado fuera comenzaron a entrar de nuevo. Daffy vio entrar a Bugs, que le dedicó un saludo y lo invitó a acompañarlo a sentarse. El marciano notó esa interacción, pero antes de que Daffy pudiera alejarse habló.

 

—¿Crees que puedas acompañarme a casa de la abuela después de clases?

 

La pregunta tomó a Daffy por sorpresa. Lo cierto es que hacía tiempo que no paseaban de regreso a casa juntos. El camino que debían tomar era casi el mismo, pero siempre terminaba distraído acompañando a Bugs y luego tomando un desvío a su nueva casa. Fue en ese momento que notó lo impecable que Marvin iba vestido. Siempre llevaba su traje escolar en orden junto con su extraña falda y casco. Al contrario que Daffy que iba casi totalmente desordenado.

 

—Sí, claro. Por qué no. —respondió con una sonrisa antes de ir a sentarse cerca de Bunny. No tenía planes con Bugs hasta el atardecer y debía admitir que últimamente había estado distraído con su grupo, dejando un poco de lado a Porky y a Marvin. Se sentía un mal amigo, sobre todo cuando en su presencia comenzaban a hablar mal del marciano y Daffy no decía ni hacía nada para defenderlo. Sabía que era normal sentir rechazo por algo extraño, a él mismo le había pasado en su infancia. Pero Marvin no era un mal tipo. Ellos no lo sabían ni querían saberlo y al final Daffy no decía nada por temor a ser rechazado también.

 

Mientras las clases comenzaban sus ojos se desviaron hacia el más pequeño. A pesar de que habían pasado años y Daffy había crecido, Marvin apenas era mucho más grande que cuando llegó a casa de la abuela. A veces el pelinegro se cuestionaba si su especie quizás era de crecimiento lento. Y de ser así, ¿cuántos años podría vivir? Ese tipo de pensamientos hacían que su cabeza doliera, así que terminó por dejarlo y centrarse en otra cosa. El marciano no parecía preocupado por el rechazo natural de los demás hacia él, pero de nuevo Daffy no sabía si era porque se había acostumbrado o porque no le importaba. ¿Tal vez ambas? Fuera lo que fuera ya era hora de equilibrar la balanza.

 

—Hey, ¿te vienes, Daffy? —la voz de Bugs lo sacó de sus pensamientos y resopló cuando se dio cuenta de que no había estado prestando atención a las lecciones. Al final iba a necesitar clases particulares si seguía así.

 

—No, adelantaros vosotros. Hoy me pasaré a ver a la abuela. —respondió. Bugs lo dejó estar y asintió, despidiéndose y saliendo del aula junto al resto.

 

Mientras Daffy recogía con cierto cansancio mental, pudo notar por su visión periférica que su amigo de piel oscura se había acercado hasta estar frente a su pupitre.

 

—Reclamo este escritorio en nombre de Marte. —dijo con cierta tonalidad orgullosa y fingiendo colocar una bandera sobre su mesa. Daffy se echó a reír ante la frase inesperada y decidió seguirle el juego.

 

—¡Oh, no! No mi escritorio. ¿Qué vas a hacer con él, marciano? —exclamó de forma dramática haciendo que Marvin sonriera. Era interesante lo mucho que podía expresar con sus ojos sin tener una boca real.

 

—Declaro que a partir de hoy Daffy Duck tiene prohibido llegar tarde. Si incumple la normativa tres veces se verá obligado a recibir clases particulares conmigo como su profesor.

 

—Oh, no… Eso sí que no. —mencionó Daffy con sinceridad, colgando su mochila del hombro y saliendo junto a él. Marvin lo siguió con curiosidad, su mochila tras su espalda.

 

—¿Por qué eso?

 

—No es nada personal. Es sólo que… no te das cuenta, pero tiendes a explicar las cosas de manera más compleja de lo que realmente son.

 

—¡Mi forma de hablar no es extraña! —respondió Marvin con el ceño fruncido en indignación.

 

—¡No he dicho eso! Sólo que cuando explicas algo te pierdes mucho en los detalles. No hay nada malo, pero no quiero dormirme si necesito aprobar el próximo examen. —bromeó, dando un suave golpe en el brazo al marciano que procedió a frotarlo con una risa ligera.

 

—Ya veo…

 

El camino de regreso a casa de la abuela fue tranquilo y apacible. Bueno, todo lo que era posible con Daffy. Al más alto le encantaba hablar de sí mismo y de sus aventuras ordinarias. Marvin, por otro lado, era bueno escuchándolo. Mientras retornaban el pelinegro tuvo que evitar sonreír. Siempre le resultó gracioso apreciar la cantidad de pequeños pasos que Marvin tenía que dar para seguir su ritmo. A pesar de su pequeña estatura era rápido y no parecía cansado en absoluto. Quizás era algo normal para él.

 

—Vamos, entra. —dijo Marvin mientras se acercaba a la entrada de la casa— Quiero mostrarte algo.

 

Cuando Daffy comenzó a seguirlo su estómago emitió un ruido sordo que lo avergonzó. Marvin se detuvo y se giró a verlo con el ceño fruncido.

 

—¿Tampoco has comido?

 

—¿Qué? ¿Querías que me retrasara más?

 

—Lo que quiero es que sigas un horario. ¡Nunca os entenderé a los terrícolas! —se quejó, exasperado y entrando con algo parecido a un gruñido. Daffy tuvo que evitar reírse, sabía que eso sólo enfadaría más a Marvin al creer que se burlaba de él.— Algún día seréis los causantes de vuestra propia destrucción.

 

—¿Eso es una amenaza? —bromeó Daffy, a lo que el marciano rodó los ojos.

 

Antes de subir al piso de arriba con su amigo, Daffy se pasó a saludar a la abuela. Parecía enérgica a pesar de su edad y estaba haciendo bastante comida con la excusa de que Marvin era tan pequeño que necesitaba fuerzas si quería crecer más.

 

—Daffy fue hoy a la escuela sin desayunar, abuela. —dijo repentinamente el marciano como si estuviera hablando del tiempo. Daffy abrió los ojos con sorpresa y lo vio de forma acusatoria.

 

—Traidor… —murmuró por lo bajo mientras Marvin lo miraba de forma maliciosa.

 

—¿Que hizo qué? ¡No te vas a ir de aquí sin comer algo, jovencito! Aún queda para que el almuerzo esté listo y podéis ir a jugar arriba. Yo os avisaré. ¡Y nada de marcharte! ¿Entendido? No pienso permitir que mi niño se vaya con el estómago vacío. —Daffy suspiró ante el regaño de la abuela mientras Marvin reía por lo bajo y tomaba su mano para que lo acompañara al piso superior.

 

La primera planta había cambiado mucho en el tiempo que Daffy se había ido junto con el resto del hogar de la abuela. Marvin se había adueñado de ella en su mayoría ya que la abuela dormía en la planta baja. Ahora todo estaba lleno de dibujos, planos y objetos tirados al azar aquí y allá. Había restos de lo que parecían cosas que Marvin había desmontado para conocer su mecanismo y la habitación de la que se había hecho dueño tenía maquetas de naves, películas, montones de libros y un telescopio. Todo entre otros múltiples objetos que escapaban de la comprensión de Daffy. 

 

—Wow, ¿te regaló la abuela un telescopio? —mencionó impresionado, intentando mirar por él. Aunque de momento era de día y no podía apreciarse nada.

 

—Lo hice yo mismo. —escuchó al marciano decir con orgullo sólo para luego alarmarse— ¡Cuidado! —dijo, apartándolo del objeto cuando notó que Daffy hizo un movimiento particular— Te quemarás los ojos si intentas mirar al sol.

 

Marvin a veces se sorprendía de tener que explicar cosas tan básicas, pero Daffy solía tener ocurrencias e ideas totalmente absurdas. Bugs, por desgracia, sabía eso a la perfección. El pelinegro miró al marciano con curiosidad y se apartó del telescopio.

 

—Si quieres ver algo bien tendrás que esperar al anochecer. ¡Ayer pude vislumbrar Júpiter! Aunque seguro que no es tan impresionante como ir a verlo en persona.

 

El comentario hizo reír a Daffy.

 

—Dudo que alguien haya ido a ver Júpiter en persona, Marvin.

 

Se hizo un silencio cómodo entre ambos. Mientras el alienígena acomodaba los objetos que tenía desordenados a un lado, Daffy echaba un vistazo a cada uno de ellos.

 

—¿Cuál es tu planeta favorito? —la pregunta sacó al más alto de sus pensamientos, viendo a Marvin con curiosidad— El mío es Marte, ya lo sabes. Porque es mi hogar. Pero creo que nunca me has dicho el tuyo.

 

Daffy tuvo que admitir que tampoco había pensado demasiado en ello.

 

—Mmh, me gusta Saturno.

 

—¿Saturno? —cuestionó Marvin con curiosidad.

 

—Sí. Creo que es por los anillos. Lo hace ver muy guay. —respondió, encogiéndose de hombros como si la explicación fuera así de sencilla.

 

—Oh. Algún día conquistaré Saturno en nombre de Marte y lo compartiré contigo. ¿No sería eso encantador?

 

A veces Marvin decía cosas como aquellas con toda la naturalidad del mundo y Daffy no podía dejar de reír ante el pensamiento.

 

—Conquistar un planeta no es algo que yo llamaría «encantador», además ¿qué haría yo con un planeta de todas formas? —antes de que Marvin pudiera responder a su pregunta, Daffy notó algo apartado a un lado. Si no supiera mejor diría que parecía sospechosamente dinamita, pero no estaban en una serie de dibujos animados y la dinamita era algo que ya no se usaba— ¿Qué es esto?

 

El marciano notó su curiosidad y se acercó al objeto guardado cuidadosamente a un lado.

 

—¿Esto? Es un…

 

Un ruido seco lo interrumpió y los hizo callar a ambos. Daffy se había sobresaltado e intentó buscar el origen del sonido. Parecía haberse escuchado desde debajo de la cama de Marvin, pero eso no tenía sentido, ¿verdad?

 

—¿Has oído eso?

 

—¿Yo? No he oído nada. —fue la respuesta del más pequeño. Pero el ruido volvió a escucharse.

 

Daffy vio a Marvin con el ceño ligeramente fruncido. No había forma de que no hubiera escuchado eso y, ¿por qué de pronto parecía tan nervioso y preocupado?

 

—Viene de ahí, ¿no? —comenzó Daffy, acercándose al lugar con cuidado. No es que fuera un cobarde, aunque es cierto que estaba un poco temeroso.

 

—Se… Seguramente no es nada. —siguió Marvin con una risa nerviosa, jugando con sus manos y siguiendo a Daffy desde atrás— No es necesario que investigues. A lo mejor es la abuela en la cocina.

 

El pelinegro hizo como si no estuviera escuchándolo y miró debajo de la cama notando con curiosidad un par de ojos que le devolvieron la mirada. Alargó la mano para sacar a la criatura que había debajo y se encontró cara a cara… con un perro. Bueno, o algo sospechosamente parecido a un perro si fuera normal que los perros tuvieran color verde y nariz roja.

 

—¿Qué es esto? —preguntó confundido, dejando que el perro se estirara y acomodara en el suelo junto a ellos. Un suspiro de derrota se escuchó por parte de Marvin.

 

—Te presento a K-9. ¡Es un perro marciano! ¿Ves? Lo encontré hace unos días solo y perdido, pobrecito. En cuanto nos encontramos pareció reconocerme ¡y me obedece en todo lo que digo! Mira, siéntate, K-9. —el perro así lo hizo y un ruido maravillado y orgulloso provino del extraterrestre— Aww, ¿no es encantador? Buen chico, K-9.

 

Daffy, que había estado observando la escena con sorpresa y sobre todo confusión, vio a Marvin con una sonrisa divertida.

 

—¿Seguro que es marciano? A lo mejor se cayó en un bote de pintura cuando era pequeño.

 

Marvin lo miró con algo parecido a la indignación mientras abrazaba al perro que parecía contento a su lado.

 

—Nada de eso. Estoy seguro de que si eso hubiera pasado se habría intoxicado hasta morir.

 

—Era una broma, chico espacial. ¡Aunque me molesta que no quisieras contármelo! Tienes un montón de cosas increíbles en este cuarto ¿¿y te parece que tener un perro alienígena no es lo suficientemente impresionante?? —comenzó a quejarse, cruzado de brazos y actuando infantil y acorde a su edad. Marvin parecía avergonzado y se levantó de su posición, su mirada debatiéndose entre K-9 y Daffy.

 

—No se trata de eso. Es que no sabía cómo iba a reaccionar ante un extraño…

 

Daffy lo vio con poca impresión.

 

—Vamos, que ya te has apegado a él demasiado.

 

—¡No me he apegado! —reclamó dando un golpe con su pie que sobresaltó al animal. Sorprendido, Marvin rápidamente se acercó a acariciarlo— Lo siento, K-9. No hablaba en serio. Eres muy importante para mi. ¿Quién es el mejor perrito de Marte? —K-9 ladró— ¡En efecto, tú lo eres!

 

Daffy no sabía si el perro era marciano o no, pero Marvin podía engañarse todo lo que quisiera. Era obvio para él que se había apegado demasiado al animal. Intentando amortiguar un resoplido de diversión su vista regresó al objeto anterior.

 

—Creo que no me explicaste al final qué es esa cosa.

 

Marvin levantó la mirada del animal y regresó al dispositivo para tomarlo con delicadeza, tenía una fuerte admiración en su mirada.

 

—Es un Modulador Explosivo Espacial Illudium P-36. Se trata de tecnología marciana antigua capaz de volar por los aires todo un planeta. —sus ojos se iluminaban al hablar sobre ello mientras sostenía el objeto.

 

—Ah, ya veo… ¡¿Que hace qué?! —la voz de Daffy se elevó con alarma, alejándose corriendo de Marvin como si el propio marciano fuera una bomba de relojería a punto de estallar— ¡Qué diablos, Marvin! ¿¿No es eso peligroso?? ¿¿Y si explotara de pronto?? ¿¿Qué hace eso en casa de la abuela??

 

Marvin miró a Daffy como si no entendiera a qué venía tanta alarma.

 

—Lo encontré hace semanas mientras registraba la ciudad, y pensé que podría encargarme de cuidarlo. Todos los indicios prueban que se trata de tecnología marciana.

 

—¿¿Cómo demonios llegó a la Tierra de todas formas??

 

—Supongo que como yo y K-9 llegamos. Por accidente. —respondió el marciano encogiéndose de hombros. Daffy quedó en silencio y lo miró con preocupación. Marvin dejó escapar un suspiro y dejó el modulador en su lugar correspondiente.

 

—Tranquilo. No estallará. No hay combustible en la Tierra con la suficiente energía como para activarlo. De ser así el planeta ya sería polvo desde hace mucho tiempo.

 

Sintiéndose mucho más aliviado por su explicación se acercó a Marvin y vio el objeto con curiosidad temerosa. Era la primera vez que la tecnología marciana lo asustaba. No sería la última, pero eso aún no lo sabía. Marvin pareció notar que sus pensamientos divagaban hacia sus experimentos.

 

—No tienes de qué preocuparte. Después de todo es tecnología de mi civilización. Nunca dejaría que le pasara nada a la abuela, a ti o a la Tierra. —mencionó, señalando su entorno. Daffy suspiró.

 

—Lo sé. Confío en ti. Es sólo que me tomó desprevenido. No esperaba que hubieran cosas tan peligrosas en Marte.

 

—Los terrícolas también desarrolláis armas. —argumentó Marvin a la defensiva.

 

—Sí, pero creo que aún no somos capaces de… ¡volar el Sol! Por ejemplo.

 

Marvin se iba a echar a reír. La idea de volar el Sol era totalmente ridícula. Por lo que había logrado investigar los marcianos tenían la capacidad de tomar la energía nuclear de un astro hasta convertirlo en una enana blanca. No volarlo por los aires. Para eso haría falta un rayo láser con la potencia de tres núcleos propulsores en iones negativos. Era estúpido. Pero antes de que pudiera decir nada la abuela los llamó para almorzar y el cambio de conversación pareció aligerar el ambiente entre ellos.

 

Daffy nunca podría negar que la comida de la abuela siempre había sido impecable. Con los años sólo parecía ser mejor y tuvo que sofocar una risa al notar que los ojos del marciano brillaban al ver la ensalada de patatas. Había sido el plato favorito de Marvin desde que eran críos y al parecer el gusto no había cambiado. Por unos buenos 20 minutos fue como volver atrás en el tiempo. Como si Daffy nunca se hubiera marchado de la casa. Se sentía cómodo en ella y estaba despreocupado con respecto a sus tutores. Estos sabían que el pelinegro solía distraerse con frecuencia en la calle y volver tarde. Si tenían alguna preocupación intentarían llamar al teléfono de alguno de sus conocidos y sabían el número de la abuela.

 

—¡Oh, no! ¡Llego tarde! —exclamó Daffy, casi saltando de su silla al notar la hora que era.

 

—¿Tarde a dónde? —cuestionó Marvin con curiosidad.

 

—Le prometí a Bugs que estaría en su casa para pasar el rato con él y los demás. Creo que han traído juegos de mesa y algunas consolas, ya sabes. —explicó el más alto mientras recogía sus cosas a prisas, llevando los platos a la abuela para que esta no tuviera que tomarlos.

 

No notó la forma en que Marvin lo miraba ni el ceño fruncido que parecía cruzar su rostro mientras pensaba en las palabras que había dicho. Un sentimiento difícil de describir se apoderó del marciano, pero hizo lo posible por ignorarlo.

 

—Sí, ya sé… —en realidad no, no sabía. Él nunca era invitado a ese tipo de cosas. Cuando Daffy se dio la vuelta su expresión se suavizó como si nada hubiera perturbado su mente segundos atrás— Entonces, ¿nos vemos el Sábado?

 

—¿Qué pasa el Sábado? —preguntó Daffy confundido mientras colgaba su mochila al hombro.

 

—Prometiste noche de maquetas, ¿recuerdas? Porky, tú y yo en tu casa. ¡Construyendo la mejor nave de toda la Galaxia! 

 

La ilusión era tan palpable en el rostro del alienígena que Daffy inmediatamente se sintió culpable.

 

—Oh… Ya, yo… no sé si voy a poder al final. —comenzó con cierto tono dubitativo. Marvin frunció el ceño.

 

—¿Por qué no?

 

“Porque se me olvidó e invité a Bugs y al resto a ver una película y quizás aguanten a Porky, pero no querrán estar cerca de ti.” No. Definitivamente no podía decir eso.

 

—Stella y los demás me invitaron a ver una película y no pude decirles que no. ¡Quizás podríamos posponerlo! —dijo con una media sonrisa llena de esperanza, intentando que no sonara tan mal como se escuchaba.

 

—Pero ya lo teníamos planeado, incluso íbamos a caracterizarnos… —comenzó el marciano, pero el pelinegro lo interrumpió.

 

—Lo siento, Marvin. No lo sé… ¡Hablaré con Porky! Si podemos al final hacerlo te avisaré. —respondió mientras se despedía deprisa de la abuela y de él, saliendo a gran velocidad de allí, quejándose de que llegaba muy tarde.

 

El marciano observó en silencio como su amigo se alejaba. Su ceño poco a poco iba pronunciándose hasta verse fruncido. Uno de sus pies golpeó furiosamente el suelo.

 

—Estoy muy enojado. Muy enojado, de hecho. 

 

(~~~)

 

—¿Quién quiere palomitas con mantequilla?

 

La voz de Bugs sacó a Daffy de sus pensamientos mientras algunos levantaban la mano con ánimo. Se estaban divirtiendo. Habían comenzado con un sencillo juego de mesa, pero rápidamente las consolas se apoderaron de la atención del grupo. Estaban enfrentándose en dúo y hacían turnos para ver a quién le tocaba jugar. Las risas y las bromas no faltaron. Bugs se sentó junto a Daffy y tras repartir se quedó mirando al pelinegro en silencio durante un rato.

 

—¿Estás bien? Es raro en ti no repetir. —y era cierto. Daffy solía ser realmente glotón y goloso en cuanto a dulces se refería. Ya habían comido palomitas antes y a este ritmo Daffy llevaría ya dos cajas y Bugs comenzaría a quejarse de lo mucho que iba a engordar si seguía así.

 

Pero no había tenido muchas ganas de comer desde que llegó.

 

—Estoy bien. Creo que sólo es mi estómago… —dijo de excusa. Bugs dio una sonrisa meditativa, como si realmente no lo creyera, pero lo dejó estar.

 

—Sabes que puedes hablar conmigo si algo pasa, ¿verdad? —comentó mientras ponía una mano suavemente en su hombro. Daffy asintió en silencio. Así fue como supo Bugs que algo le sucedía. Cuando Daffy estaba cómodo comía sin parar y no callaba ni aunque lo amenazaras con quitarle sus figuras de colección favoritas. Pero si aún no quería hablar de ello, lo respetaría.

 

El teléfono comenzó a sonar y Bugs se levantó de un salto.

 

—¡Oh! Esa debe ser mi madre. No os divirtáis mucho sin mí, ahora vuelvo. —comentó con una sonrisa, yendo a la cocina a atender la llamada. Bugs era de los pocos que luego de irse de casa de la abuela se había aficionado a tratar a sus tutores como sus padres.

 

—¿Qué película vas a poner el Sábado, Daffy? —preguntó Penélope con curiosidad. Daffy salió de sus pensamientos al escucharla.

 

—Bueno, lo que queráis está bien. ¡Tengo una buena taquilla! —mencionó con cierto orgullo— Mis tutores son aficionados al cine, así que hay mucho de donde escoger.

 

—Aaw, ojalá sea una comedia romántica…

 

—¡Ugh! Espero que no. —se quejó Mac con una mueca— Odio las pelis románticas. Son tan estereotipadas. Si ves una ¡es como si las hubieras visto todas! 

 

—Le he dicho a Porky de venir. —comentó Daffy, temeroso de la reacción del grupo. Pero todos parecieron tomarlo como algo sin importancia.

 

—¿Es ese amiguito tuyo que está gordito? Me gusta como habla. Es divertido. —mencionó Stella con una risa que los demás acompañaron— ¿El marciano te ha dicho algo?

 

—¿Marvin? —preguntó el pelinegro con sorpresa— Oh, no… No me ha dicho nada. A él no le gustan esas cosas. —dijo con una sonrisa algo nerviosa.

 

—Ugh, menos mal. Me pone los pelos de punta, ¿a vosotros no? —preguntó Stella al resto.

 

—Su voz es muy molesta. ¿Y habéis visto su cara? Es como, amigo, ¿dónde te dejaste la boca? Parece una bola de billar andante. —se burló Tosh.

 

Todos comenzaron a reír, criticar y burlarse de Marvin. Daffy fingió reír aun cuando aquello no le hiciera gracia en absoluto. Recordó la conversación que tuvo con el extraterrestre antes de irse y la culpabilidad lo consumió, junto con la indecisión. Se sentía enfermo y fue incapaz de disfrutar del resto del tiempo junto a ellos. No notó la preocupación con la que Bugs lo miraba ni se fijó en cómo le insistió varias veces que podían hablar de lo que fuera.

 

Lo que más temía Daffy a la mañana siguiente es que durante las clases Marvin mencionara algo sobre lo del Sábado, pero se sorprendió cuando su amigo no dijo nada. De hecho pareció actuar como si nada malo hubiera sucedido el día anterior o como si la quedada no tuviera importancia. Un poco aliviado y creyendo que las cosas se habían vuelto mínimamente normales los días siguieron su curso. Habló con Porky sobre cambiar los planes del Sábado y pareció contento de participar en algo esa noche con Bugs y los demás. 

 

Por otro lado estaba Marvin. Daffy se había sentido tan indeciso y preocupado sobre qué decisión tomar, qué hacer o qué decir. El silencio del marciano al respecto sólo lo había puesto más nervioso. No sabía qué hacer y para cuando quiso darse cuenta ya era Sábado y los chicos estaban acomodándose en el salón de su casa, dispuestos a disfrutar de la peli que escogieron todos juntos. Por unas horas todo fue bien. El grupo estaba siendo amigable con Porky, quien se estaba divirtiendo. Habían escogido una película de ciencia ficción y entre risas y lluvia de palomitas la noche se sentía divertida. Daffy se permitió estar aliviado por un momento. Quizás había pensado demasiado las cosas esa semana. Quizás podrían pasar ese día y hacerlo mejor en el futuro. 

 

Pero entonces el timbre sonó.

 

El grupo miró a Daffy con confusión. Se suponía que esa noche sus tutores debían estar aún cenando fuera y no esperaban a nadie más. Porky estaba en la cocina buscando una bandeja con aperitivos para ellos. El pelinegro tuvo un mal presentimiento en la boca de su estómago, pero no dijo nada y sonrió.

 

—¡Seguid con la peli! Yo voy a ver quién es.

 

Cuando abrió la puerta y vio al marciano sintió que toda su vida daba un giro de 90º. 

 

—¡Hiyoo! —saludó Marvin de buen humor.

 

—¡Sshhh! —lo mandó a callar Daffy, nervioso y sin saber qué hacer— ¿Q-Qué haces aquí?

 

—No me dijiste nada sobre el Sábado, así que supuse que el plan seguía en marcha. 

 

Daffy quiso golpearse a sí mismo. A veces olvidaba que Marvin era de otro planeta. Claro que pensaría que el plan seguía en marcha si él no se había detenido a confirmarle lo contrario.

 

—Marvin, lo siento mucho. Pero en realidad estamos viendo una película. —intentó explicar el más alto. Stella se había asomado a ver quién era la persona en la puerta y dejó escapar un jadeo de sorpresa, volviendo con los otros. Un “Es él” y algunos comentarios de desagrado pudieron escucharse desde el salón. Si Marvin los estaba escuchando también los estaba ignorando como todo un profesional.

 

—Oh… ¿Es una buena película? Podríamos aprovechar la noche ya que hice el viaje hasta aquí. —sugirió el marciano.

 

—E-Es que… ¡es una reunión exclusiva! —dijo con una risa nerviosa— Ya sabes como pueden ser los amigos de Bugs. Siempre tan elitistas–...

 

—¡Hola, Marvin! —se escuchó la voz de Porky mientras pasaba tras Daffy de camino al salón con la bandeja. El pelinegro en ese momento quiso que la Tierra al completo lo tragara.

 

Marvin vio al principio con sorpresa a Porky sólo para luego fruncir el ceño en molestia indignada.

 

—¿Porky? ¿Has invitado a Porky y a mi no me ibas a decir nada? Eso me hace sentir muy enojado. ¡Mucho, de hecho! —dijo con evidente enfado, golpeando uno de sus pies en el suelo.

 

—Marvin, no es lo que…

 

—¿Por qué no puedo disfrutar de la noche con vosotros? ¡Estoy seguro de que ver una película no debe ser una actividad muy difícil en la Tierra! —se quejó intentando entrar a la casa, pero Daffy se lo impidió.

 

—N-No puedes.

 

—¿Por qué no? ¡Tengo derecho a disfrutar de actividades sociales como los demás!

 

—¡No te voy a dejar entrar!

 

—¡Estás siendo ridículo! ¿Qué razón habría? ¡En nombre de Marte exijo–...

 

—¡¡Porque no les gustas!!

 

Un silencio pesado se asentó entre ellos ante aquellas palabras y Marvin dejó de intentar entrar. Su mirada se alzó para ver a Daffy con sorpresa. El pelinegro temblaba de frustración y si los dos hubieran estado más tranquilos habrían notado el silencio que había en el salón o la mirada desaprobatoria de Bugs.

 

—¡No hay nada que les guste de ti! ¡Porque eres raro y no te entienden! ¡Y alerta spoiler, a la Tierra no le gustan las cosas raras! Nunca te invito a nada con ellos ¡porque no soportan estar contigo! Eres muy diferente .

 

Daffy sintió su respiración agitada cuando terminó. Los segundos pasaban, largos, lentos y silenciosos y por cada minuto que Marvin no decía nada Daffy rogaba porque dijera algo, lo que fuera. Que pataleara, que se enojara, que le gritara, ¡cualquier cosa! Marvin sólo lo contempló en silencio para luego llevar su mirada al salón donde seguro todos los estaban escuchando sin hacer ruido sólo para regresar su vista a Daffy.

 

—No me importa lo que unos terrícolas piensen de mi. —fue su respuesta fría e indiferente. El más alto nunca lo había escuchado mencionar la palabra «terrícola» con tanto desprecio antes.— ¿Tú piensas eso de mi?

 

Daffy se sintió alarmado ante esa pregunta.

 

—¡C-Claro que no!

 

—Entonces, ¿cuál es el problema? No quería quedarme esta noche por ellos o por la película. Sino porque quería pasar tiempo contigo.

 

No era justo. No era justo que Marvin actuara mucho más maduro para su edad en ese momento. No era justo que redujera el problema de Daffy a algo tan simple como que hiciera lo que quisiera hacer sin pensar en lo que otros opinaran. Antes de que pudiera decir algo Marvin se apartó.

 

—No te preocupes. Puedo ser un marciano, pero sé dónde no me quieren y veo que ya has tomado tu decisión. Nos vemos, Daffy. —y dicho aquello, con un rostro que dejaba entrever su decepción, se marchó dejando al más alto en la entrada.

 

Daffy cerró la puerta. El silencio era ensordecedor en la casa y una punzada de culpa y arrepentimiento lo rodeaba mientras lamentaba no haber hecho las cosas mejor. ¿De verdad era más importante ser aceptado en un estúpido grupo que hacer daño a un ser querido que lo había acompañado desde su infancia? Levantó su mirada y los vio a todos en el salón mirándolo a él, juzgándolo. Todos menos Porky y Bugs.

 

—Fuera. Se acabó la fiesta. —anunció.

 

—Vamos, Daffy. No dejes que ese marciano te–... —comenzó Mac.

 

—¡He dicho que largo! —volvió a abrir la puerta como muestra de que hablaba en serio. Él, junto con Stella y algunos más comenzaron a quejarse y a criticar sus malos modos, pero poco a poco todos fueron saliendo mientras Daffy se dejaba caer al sofá con un suspiro. Porky le dedicó una mirada y una sonrisa de simpatía antes de marcharse. Fue ahí cuando Daffy cerró los ojos, escuchando el golpe sordo de la puerta cuando todos se fueron.

 

O casi todos.

 

El sofá se hundió un poco a su izquierda mientras Bugs se acomodaba para verlo mejor con la misma sonrisa de simpatía que Porky había tenido. Daffy gruñó.

 

—Creí que dije que os fuerais.

 

—Bueno, no pensé que entrara en la ecuación. ¡Cuando gritaste los miraste a ellos!

 

—Eres despreciable…

 

Bugs se echó a reír y pronto Daffy le siguió sólo para volver a suspirar, mirando a la nada y apagando la película para que el salón finalmente se quedara en silencio.

 

—¿Sabes? Os he visto pelear alguna vez, pero nunca tan en serio. —comentó Bugs, iniciando el tema. Daffy lo miró de reojo sin responder, pero se veía en su mirada que estaba deseando desahogarse— Vamos, ¿cuál es el problema?

 

—¿Que cuál es el problema? ¡Claro! Qué vas a saber tú, Señor Perfección, cuyos pies serán besados allá donde vayas y cuyas acciones nunca serán juzgadas. ¡Por supuesto que no sabes cuál es el problema! ¡Nunca tendrás que lidiar con que los demás puedan no aceptarte o con no pertenecer a un lugar! Tú sólo entras a un sitio ¡y tienes ese brillo especial!

 

—¿De eso se trata? ¿De pertenencia?

 

—¡Sabía que si invitaba a Marvin le iba a desagradar a los demás! Sé que sólo me aceptan porque tú lo haces. Si tú no estuvieras ¡ellos ni querrían pasar tiempo conmigo!

 

—Pero estoy aquí–...

 

—¡Y si no me aceptan ellos! ¿Quién lo hará?

 

—¿Marvin?

 

La respuesta de Bugs hizo a Daffy detenerse y verlo por fin a la cara. Sus ojos estaban húmedos, aguantando las ganas de llorar. Bugs continuó.

 

—¿Porky? ¿Pete? ¿Yo? ¡Maldita sea, Daffy! Hasta le caes bien a Sylvester y Wile. —llevó sus manos a las mejillas de Daffy para apartar las lágrimas y que se viera más presentable— Lo que quiero decir es que tú mismo te ahogas en un vaso de agua. No tienes que fingir ser alguien que no eres para agradar a gente que no se lo merece. ¡Tienes tus propios amigos! Con los que te sientes cómodo, ¡a los que les gustas como eres! Y siempre me tendrás a mi. —Daffy lo miró en silencio, sin saber qué decir y sintiéndose cansado— Lo que hay entre Marvin y tú es de esas relaciones que duran ¡cientos y cientos de años! Además, conozco a ese pequeñajo y puedo decirte que no tiene mucha vida social fuera de pasar el tiempo contigo. Creo que si salieras de su vida intentaría conquistar la Tierra, explotarla ¡o ambas cosas!

 

La exageración en las palabras de Bugs hizo reír a Daffy, lo que a su vez hizo al peliblanco sonreír y verlo con más ánimo.

 

—¿Te sientes mejor? 

 

Daffy dejó escapar un suspiro pesado y asintió.

 

—Sí… —era como si le hubieran sacado una gran roca del pecho.

 

—Bien. Debimos tener esta conversación antes. No puedes dejar que las cosas estallen cuando algo te preocupa. —dicho aquello, Bugs procedió a ofrecer su meñique— Prométeme que si algo así vuelve a molestarte me lo dirás.

 

Daffy vio el dedo de Bugs y con una sonrisa silenciosa lo entrelazó con el suyo.

 

—Lo prometo.

 

(~~~)

 

Marvin se encontraba en la ventana de su habitación mirando a las estrellas. Soñaba con cómo habrían sido las cosas si hubiera nacido donde se suponía que debía en vez de en la Tierra. Soñaba con un planeta rojizo, con volar más allá de las estrellas y conocer otros sistemas. Tener la galaxia al alcance de su mano donde el límite de sus posibilidades eran únicamente los sueños. K-9 pareció sentir su estado de ánimo melancólico porque se había acomodado junto a él, apoyando su cabeza sobre sus piernas y Marvin lo estaba acariciando distraídamente. No estaba seguro de qué comía un perro de Marte, pero él se las había estado arreglando bien con los alimentos de la Tierra. No debería haber problema con K-9. Un suspiro largo se le escapó mientras observaba la Luna.

 

—¿Crees que algún día volveremos a estar allí arriba, K-9? ¿No sería eso encantador? ¿Hmm? —el perrito dio un suave ladrido y Marvin, que tenía su cabeza apoyada sobre su mano libre, soñó— Yo también lo espero.

 

Un ruido sordo de la habitación adyacente lo sobresaltó. La primitiva alarma que había instalado saltó y fue corriendo a ver de qué se trataba.

 

—¡Ouch! ¿Qué demonios? —se escuchó una voz.

 

Marvin encendió las luces y apagó la alarma sólo para ver de quién se trataba. Sus manos extrañaban tener algún tipo de arma con la que defenderse, pero aún estaba trabajando en ello.

 

—¿Daffy? —dijo con confusión.

 

Su amigo se había caído mientras intentaba entrar por la ventana de la casa y parecía agitado. Posiblemente se había asustado cuando la alarma comenzó a sonar.

 

—¿Por qué diablos tienes una alarma? —preguntó viendo a Marvin con una mezcla de sorpresa e impresión.

 

—Debo ser cuidadoso y proteger mi tecnología en caso de que la roben o quieran dañar a la abuela. —fue la explicación de Marvin.

 

—Dudo que alguien más que tú entienda tu tecnología marciana–...

 

—¿Qué haces aquí, Daffy? —Marvin no quería sonar grosero. Era un marciano muy educado, pero que Daffy entrara a altas horas de la noche en casa de la abuela sin avisar ya era lo suficientemente confuso. La conversación que tuvieron hace horas no ayudaba en absoluto.

 

El nombrado dejó escapar un largo suspiro mientras acomodaba su ropa y se levantaba. Vio al alienígena y se sentó, sin saberlo, donde hace un momento Marvin se encontraba mirando hacia las estrellas.

 

—Tenías razón. He tomado una decisión.

 

Marvin abrió sus ojos en sorpresa para luego bajar su mirada con decepción y tristeza.

 

—He decidido que me importa una mierda–... —continuó Daffy.

 

Un jadeo de sorpresa escapó del marciano.

 

—¡Idioma! —lo regañó, pero Daffy continuó, ignorándolo.

 

—...lo que los demás piensen de mí. Yo quiero pasar tiempo contigo también. ¿Y si no les gusta? ¡Me da igual! No pienso que seas raro. Qué más da que seas pequeño, ¡ya crecerás! No me parece que seas una bola de billar. ¡Tu voz es bonita! Y-Y me gusta cuando hablas de cosas que no entiendo porque siempre te ves asombrado y muy orgulloso de haber descubierto algo que no sabías sobre ti mismo.

 

Marvin no sabía si tenía la capacidad de sonrojarse, pero en ese momento sentía mucho calor en sus mejillas y su corazón se agitó con fuerza. No tenía idea de si aquello podía ser evidente para el ojo terrestre, pero no esperaba en absoluto todas aquellas palabras venir de Daffy.

 

—No me arrepiento de que estés aquí ni me arrepiento de estar aquí, porque sé que la Tierra no sería la misma sin ti en ella. —Daffy no lo miraba mientras decía todas aquellas cosas. Era evidente en el más alto que admitir todo aquello lo estaba avergonzando mucho, pero lo estaba haciendo por su amigo. Se merecía aquellas palabras luego del desastre que el propio Daffy había sido en su relación en ese tiempo. Pero cuando no recibió respuesta se atrevió a levantar la mirada, viendo que Marvin lo miraba impresionado. Eso sólo hizo que sus mejillas se colorearan aún más.— ¿N-No tienes nada que decir, chico espacial?

 

Finalmente Marvin habló.

 

—No sé cómo proceder. Nunca había estado en una situación donde me colmaran de elogios antes.

 

La respuesta hizo reír a Daffy, quien miró al marciano con diversión.

 

—Bueno, en la Tierra decimos «Gracias», normalmente. —comentó en broma.

 

—Gracias, Daffy. —el alienígena se acercó a su amigo con cuidado y lo vio con una mirada esperanzadora— ¿Puedo proceder con un abrazo?

 

—Maldita sea, Marvin. No tienes que ser tan formal. —se burló, abriendo sus brazos y dejando que el marciano se acercara. No se habían abrazado en mucho tiempo. Desde que eran muy pequeños, vivían con la abuela y fingían hacer carreras de naves espaciales.

 

Durante el abrazo las manos de Marvin sintieron la ropa que Daffy llevaba y sólo entonces se separó para inspeccionarlo con rostro analítico y curiosidad.

 

—¿De qué vas vestido?

 

—Oh, hoy es noche de maquetas y disfraces, ¿recuerdas? Ahora no estás hablando con Daffy Duck. ¡Ahora soy Duck Dodgers! Guapo capitán, comandante y representante de la Tierra. —exclamó, poniéndose de pie de un salto e inflando el pecho con orgullo y una sonrisa.

 

—¿Dodgers? —mencionó el marciano divertido, viéndolo de arriba a abajo— Sinceramente creí que te habías olvidado de ese nombre.

 

—¿¿Cómo voy a olvidarme de MI nombre, marciano tonto?? ¡En nombre de la Tierra, te ordeno que detengas tus malvados planes! —el pelinegro fingió sostener un arma y Marvin sonrió con el ceño fruncido al ver de qué se trataba todo aquello, siguiéndole el juego.

 

—No estaría tan seguro de eso, Dodgers. —tomó la maqueta que estaba utilizando para su futura pistola láser y apuntó con ella a Daffy— La Tierra nunca podrá ser rival para las fuerzas de Marte.

 

—¡Retira eso!

 

—Oblígame, criatura terrícola.

 

Esa noche no hicieron ninguna maqueta de naves al final, pero jugaron hasta que la Luna estuvo lo suficientemente alta y hasta que la abuela los detuvo de hacer ruido y los mandó a la cama. Cama que Daffy y Marvin tuvieron que compartir ya que sólo el marciano vivía ahora en la casa. No fue difícil gracias a la diferencia de tamaño entre ambos y mientras intentaba quedarse dormido Daffy se prometió a sí mismo que no volvería a cambiar por nada ni por nadie.