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Sit in your shadows

Summary:

—No entiendo que clase de sueño imposible eres. —dijo resignado—. Te lo repito cada vez que puedo: no hay premio aquí, eres un idiota por quedarte.

Neil ladeó la cabeza y luego sonrió, todo el cuerpo de Andrew se tensó, pero no apartó la mirada.

Notes:

Sinceramente, esto no tiene ni la longitud que buscaba ni el pov desde el que quería escribir originalmente, se supone que iba a ser un pov de Neil porque me obsesione un poco con Sit in your shadows de Citizen Soldier (real, la he escuchado tantas veces estas semanas y sigo pensando que es TAAAAN Andreil) porque pienso que encaja bien de la perspectiva de Neil hacia Andrew.

Pero me puse a escribir y luego seguí escribiendo y me di cuenta de que era desde el punto de vista de Andrew y tuve que leer todo lo que escribí y modificarlo para que no fuera super emocional, porque amo mucho a Andrew y quería que fuera perfecto.

Así que originalmente esto tenía más de 2500 palabras, pero cuando llegué al final me di cuenta de que era perfecto y no quise alterar esa perfección con más palabras, que después de leerlas, me parecían innecesarias.

Me siento muy orgullosa del resultado final, así que espero que les guste, si recomendaría escuchar la canción porque mi cerebro no deja de pensar en este verso:

"Anytime, anytime that you're not okay
I will shut, I will shut my mouth and say

I'll never ever try to fix you
I'm never ever gonna quit you
Anytime that the Sun won't shine through
I will sit in your shadows with you
I'll never judge you for your problems
Even if you never ever solve them
Even when there's not a thing we can do
I will sit in your shadows with you (with you)"

ES QUE SÍ LES QUEDA, PELEARÍA CON CUALQUIERA POR ESO, en serio, tengo que ponerla como la #1 de mi playlist Andreil, perdón, tengo una epifanía con cualquiera de mis playlists de AFTG.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La suite estaba en silencio, excepto por el aire acondicionado que soltaba ruidos cada pocas horas, desde la ventana de su habitación se podía visualizar el campus con sus pulsos de luz y las cortinas descorridas que daban indicio a haber estado fumando con anterioridad.

 

Se sentó en el borde de la cama con las manos en los muslos, escuchando el crujido del colchón bajo su peso, había dormido por momentos la noche anterior, normalmente no usaría el verbo “dormir”, porque perder el conocimiento por agotamiento y despertar con el corazón acelerado por la sensación de caer de un precipio no era su definición de hacerlo.

 

Bee decía que era normal, todo lo que estaba sintiendo, tanto la reticencia de tener algún tipo de intimidad con Neil y las pesadillas constantes tomando en cuenta las fechas, estaban a pocos días del aniversario de la desastrosa cena familiar con los Hemmick.

 

Ese día, Kevin no estaba en la suite que compartían, por lo que había salido de la habitación con pasos vacilantes y se había sentado en el sofá, Neil estaba sentado en uno de los puffs viendo la pantalla del televisor, estaba en silencio, era una repetición de un juego de Exy profesional, pero podía notar que lo observaba por el rabillo del ojo y que su atención no estaba en el partido.

 

El cómo podía estar en silencio cuando sabía que Andrew no estaba en un buen estado mental, era uno de los misterios más insoportables alrededor de Neil Josten. El delantero parecía feliz solo por estar en el mismo sitio que él después de semanas de separación, lo odiaba.

 

Se distrajo de sus emociones girando uno de los anillos en sus dedos, dando una vuelta y luego otra y luego girándolo en el lado contrario, todavía sentía la mirada penetrante del menor, pero su distracción aplacaba el deseo de arremeter contra él.

 

Las pesadillas le habían dejado un sensación de óxido en la boca, conocía el mecanismo: su cerebro atrapado en la misma jaula con pintura diferente en las paredes, mismo encierro, diferente color de mierda. Lo que no lograba entender era cómo Neil conseguía negarse a ser parte de esa ecuación, era todo lo contrario a una pesadilla.

 

—No tienes que quedarte aquí. —dijo de pronto, sin mirarlo.

 

No hubo respuesta inmediata, pero no le sorprendía. Neil solía analizarlo antes de hacer algún comentario, en especial si creía que podría detonar una reacción en él. Escuchó el roce de la tela cuando Neil se incorporó y apoyó los antebrazos sobre sus rodillas.

 

—Quiero estar aquí. —dijo con simpleza.

 

Su respuesta, como siempre, le hizo tensar la mandíbula.

 

Cerró los ojos, quería que fuera mentira, quería poder detectar algún rastro de obligación o lástima en esa voz, cualquier cosa que le diera una excusa para alejarlo, pero conocía demasiado bien el tono de Neil cuando mentía y este no lo era. Quería creer que no le importaba porque era más sencillo que la alternativa. Quería que esa semana se reescribiera como una mala broma, que su cuerpo obedeciera, que su cabeza fuera un cuarto ventilado y no un sótano húmedo, odiaba querer tantas cosas.

 

Pero sobre todo, odiaba saber que Neil hablaba en serio.

 

—Nunca voy a ser lo que necesitas. —escuchó, y la voz, por desgracia, era la suya—. Estoy jodido.

 

Las palabras cayeron como piezas de metal en una caja, si Neil quería la relación perfecta que probablemente esperaba, que la buscara en otro sitio.

 

El silencio se alargó. Enfocó la vista en sus manos y se concentró en el movimiento de su anillo, giraba a la derecha, luego a la izquierda, lo sacaba y se lo acomodaba de nuevo.

 

—Yo no necesito nada. —dijo Neil, por fin, con una calma traicionera.

 

Levantó la vista por primera vez, Neil le devolvía sus palabras como si fueran un eco, observó el brillo en los ojos del menor y supo que no había terminado de hablar y que odiaría lo que saldría de su boca.

 

—Pero te quiero a ti, te elijo a ti.

 

Andrew tragó saliva, el aire le sabía a hierro, eso no era nuevo. Lo nuevo, talvez, era la forma en la que su cuerpo quiso moverse hacia su voz, hacia la luz que Neil desprendía. Neil, quien continuaba siendo un sueño imposible, Josten.

 

—No estás escuchando. —replicó y se oyó más áspero de lo que pretendía—. Estoy diciendo que esto... —hizo un movimiento vago que lo abarcaba a él y sus problemas—. no tiene arreglo.

 

—No pretendo arreglarte, Andrew. —dijo Neil, en un tono suave y firme, luego hizo una pausa midiendo sus palabras—. ¿Está bien si me quedo?  

 

Andrew soltó el aire lentamente.

 

Quedarse. ¿Qué significaba quedarse? No significaba manos no bienvenidas, no significaba deber algo a cambio, no significaba ponerse una cuerda alrededor del cuello, solo... estar.

 

En su experiencia, era una antesala de la exigencia. Pero había algo en la cadencia de Neil, en cómo no se acercaba ni invadía su espacio, en cómo evitaba tocarlo cuando no tenía permiso, en cómo se detenía cuando lo pedía, que desarticulaba el guion.

 

Una y otra vez.

 

Parte de él quería reír, una risa corta y sin humor: Felicidades, Josten, has elegido ser el peor sueño imposible, eres el hombre que ha sufrido demasiado y, sin embargo, te quedas. ¿Qué clase de error era este? Una decisión como la que Neil estaba tomando solo venía acompañada del arrepentimiento. Y, entonces, lo entendió: Neil no era perfecto, Neil era jodidamente consistente. No buscaba aprovecharse de la situación porque él también conocía esa mierda y debía estar harto de ella.

 

—No entiendo que clase de sueño imposible eres. —dijo resignado—. Te lo repito cada vez que puedo: no hay premio aquí, eres un idiota por quedarte.

 

Neil ladeó la cabeza y luego sonrió, todo el cuerpo de Andrew se tensó, pero no apartó la mirada.

 

—Tienes razón. —dijo Neil—. No eres un premio, eres jodidamente difícil y todos piensan que eres una mierda de persona la mitad del tiempo. —la sonrisa no desapareció y su voz se suavizó cuando volvió a hablar—. Pero tengo mis motivos para quedarme, no te los voy a decir a menos que quieras escucharlos.

 

Bajó la mirada a sus manos de nuevo, el movimiento del anillo se detuvo. Neil había como se marchaba a las tres de la mañana en el Maserati y solo había preguntado con los ojos si necesitaba compañía, no había presionado ni una sola vez, no había preguntado por sus pesadillas, pero su compañía fue constante. Le daba agua en los entrenamientos, le recordaba de comer e, incluso, le había traído cigarros y helado.

 

—No puedo prometerte nada. —dijo y cada sílaba le raspó el paladar—. Ni tomarte la mano en público ni abrazarte, ni nada... convencional.

 

—¿Te parece que soy normal? —preguntó Neil y había algo parecido al humor en su voz.

 

Neil no lo dijo, pero lo escuchó, no estaba buscando una promesa o una respuesta.

 

Se recostó en el sofá, soltando un poco la tensión de su cuerpo. Pensó en todas las veces que lo habían llamado por algo que no era su nombre: problema, monstruo, incorregible. El diccionario de daño era extenso y la mayoría de sus entradas acababan con instrucciones: cállate, compórtate, sé amable, perdona, olvida.

 

Neil nunca le había dado instrucciones. Neil había dicho ‘contigo’, ‘aquí’, ‘esto’. Lo había llamado por su nombre todas las veces y siempre sonaba como si fuera algo divino. Mientras todos veían a un conejito en la boca del lobo, Neil se acurrucaba contra las fauces y decía que se sentía seguro.

 

Era tan jodidamente absurdo que dolía.

 

—Te odio. —dijo sin calor.

 

Porque Neil era demasiado. Demasiado consistente para alguien que también venía roto de fábrica, demasiado dispuesto a quedarse sin esperar recompensas, demasiado perfecto para estar tan jodido como estaba y, aún así, ahí seguía siendo exactamente lo que Andrew no sabía que necesitaba hasta que lo encontró.

 

—Si tu lo dices. —respondió Neil con una media sonrisa—. Si eres tú, puedes odiarme todo lo que quieras.

 

—Cállate.

 

Escuchó la risa de Neil en respuesta. Y, sí, eso era todo lo que quería.

Notes:

Gracias por leer ♥